El feísmo en Galicia

Feísmo, cultura y orgullo

Desde hace años todos los que hayan tenido oportunidad de visitar otros países de nuestro entorno, desde Francia o Suiza a Austria o los Países Nórdicos, adentrándonos en su medio rural, pudieron ver que en ellos el feísmo, como fenómeno extendido, no existe. En todos estos países, y en general en toda Europa Occidental, no existe este problema.

En todos estos países hay un respeto (amor) por la arquitectura tradicional, que se ha ido elaborando y reelaborando a lo largo de los años, perfeccionándola cada vez mas, adaptándola a los actuales modos de vida, y que (¡Oh, maravilla!) encaja extraordinariamente en el paisaje, en el entorno. En todos esos lugares se construye casi exclusivamente un único tipo de vivienda aislada en el medio rural con ligeras variaciones de tamaño, color o acabados, de tal suerte que casi puede hablarse de un modelo nacional o regional que casi todos respetan, al que prácticamente se adapta todo el mundo y al que muy pocos se atreven a cuestionar, y si lo hacen es para en su lugar construir una edificación de arquitectura de calidad que en modo alguno suponga un elemento discordante.

Claro que también estamos hablando de culturas, que no reniegan de sus orígenes, y donde las tradiciones (de todo tipo) tienen una enorme importancia en la vida de sus ciudadanos: Países en los que posiblemente la legislación obligue o condicione mucho a la edificación (en Suiza es claro que así es, llegándose al extremo en muchos sitios de tener que replantear volumétricamente la posible edificación como condición previa a su aprobación), pero en donde la cultura que se ha ido transmitiendo a sus ciudadanos hace que a nadie (o casi) se le ocurra realizar una edificación son los modelos tradicionales.

Por eso, considerando que es bueno que la legislación limita, impida o no favorezca, tal tipo de construcciones, mucho nos tememos que si no se produce un cambio de actitud del ciudadano a través de otras vías (cultura educación, civismo, etc.) que a lo mejor va siendo hora de enseñar desde pequeños en los colegios, poco o nada sé conseguirá. Si el ciudadano no tiene sensibilidad en esta cuestión no será posible que la edificación que realice sea la adecuada al entorno y respete la (sabia) tradición constructiva del lugar.

Con lo expuesto queda demostrado que el feísmo también es materia de cultura, educación, civismo... como los que destacan como si fuera un virus en cantidad de aldeas, pueblos y ciudades de nuestra geografía gallega. Desde pallozas con tejado de chapa ondulada hasta hórreos de ladrillo son ejemplos de feísmo más recurrente en la arquitectura popular. El peligro acecha incluso a las ermitas que, aun teniendo carácter religioso, son de propiedad civil y comunal, totalmente independientes de la parroquia. Estas obras maestras de la arquitectura, muchas de las cuales datan del medievo, están amenazadas por la especulación, el desorden urbanístico y la dispersión que caracteriza al rural gallego.

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