Biografía

 
 

Antonio Caneda Rodríguez, nació en Medos (San Xoán de Río - Ourense) el cuatro de mayo de 1906 y murió a los 31 años de edad en San Cosmede - O Irixo (Ourense) el 29 de agosto de 1937, Hijo de Antonio Caneda, de Arboiro, y de Paulina Rodríguez, de Medos.


Hizo estudio primarios y secundarios en su tierra, asistiendo durante un tiempo a las Escuelas de la Fundación Eumenio Ancochea, en Trives, regida por los Hermanos de la Doctrina Cristiana, donde conoció, entre otros, a Manuel Luis Acuña.


De la mano de su hermano Pedro, entró en contacto con el movimiento de cambio político, respaldado en la ciudad de Ourense a finales de los años treinta, por Republicanos de la talla de Roberto Blanco Torres, Jacinto Santiago, Alfonso Pazos, y por maestros renovadores  entre los que se encontraban Albino Nuñez, Rafael Alonso, Manuel Sueiro, Manuel Luis Acuña y Luis Soto entre otros.


De la mano de estos intelectuales y maestros, colaboraron en el proyecto político del Partido Radical Socialista, liderado en Madrid por el que sería Ministro de Educación, Marcelino Domingo, y en Ourense, por las personalidades antes citadas. Un partido con implantación especialmente en esta provincia y que tuvo dos diputados en las primeras elecciones a las Cortes de la República.

La presencia de muchos maestros en este proyecto motivó a Antonio Caneda a incorporarse a las denominadas “luces de la República”, los encargados de que los cambios se hicieran en las conciencias por medio de la educación. Estudió Magisterio y se integró en la “Asociación de Traballadores do Ensino de Ourense” (A.T.E.O.). Ocupó en propiedad la escuela de Medos desde 1934 a 1936.


En una provincia atrasada y predominantemente rural, sorprende el dinamismo de este grupo de maestros, que asumió el proyecto pedagógico de poner a la escuela al servicio de la infancia y de la sociedad en la que está insertada. Una escuela para todos los niños y niñas, pública, sin diferencias por razones económicas, gallega, laica, coeducativa, activa, democrática y participativa.

Una generación de maestros utópicos, ilusionados y generosos, que no regateaban esfuerzos para sacar a los niños y niñas adelante, o para alfabetizar a las personas adultas, sin olvidar el compromiso con las necesarias reformas agrarias que mejorasen la calidad de vida de nuestro medio rural.


Poco tiempo tuvieron para avanzar en este proyecto pero trabajaron sin descanso. Antonio entró ademas en la escuela en los años mas difíciles dentro de la República, pues el avance de la derecha ponía en peligro muchas de las reformas, con momentos de inestabilidad y revolución en octubre de 1934.


Dos años de un magisterio comprometido en la escuela de su lugar, en la escuela que fue mas que nunca escuela “del pueblo para el pueblo”. Allí se forjó una extraordinaria biografía pedagógica, de la que dan fe sus alumnos, interrumpida por la represión franquista, que lo apartó de la enseñanza en el verano de 1936 y le segó la vida en el verano de 1937, y aun apuntillaron la resolución de su expediente con una “separación definitiva de la enseñanza y baja en el escalafón” en abril de 1940. ¡No vaya a ser que resucitase!

Entre los cargos se repiten todos los tópicos utilizados contra todos los buenos maestros de aquella generación republicana: acusado de marxista por alguien que ni sabía escribir esa palabra; acusado de conducta privada inmoral, por quien sabían que su moral de libertad, justicia y democracia era una moral superior; acusado de incompetencia en la profesión, por los que aun entendían la profesión de maestro como un oficio subordinado a las órdenes de los caciques y del clero.


Este acto de memoria histórica pretende poner de manifiesto la falsedad de estas acusaciones y hacer un reconocimiento público del labor de Antonio Caneda en favor de la educación y de la mejora de las condiciones de vida de sus vecinos y vecinas.


La semilla de este trabajo fue enterrada en el año 1937, pero, como buena semilla retoña todas las primaveras, y recogemos sus frutos. Durante muchos años de terror mantuvo la luz encendida su novia, una persona de la que tenemos poca información, pero que podía ser una maestra de la comarca, llamada doña Elisa.


Semilla que germinó en el cura de Sas de Penelas que en el informe hecho en 1937, llegó a reconocer que: “en el plano cultural cumplía con su deber” y añadió: “conmigo como particular se mostró siempre atento; y aun tengo que agradecerle algunos beneficios”.


Semilla que esparcieron sus compañeros de profesión que quedaron para contarlo. Su sobrina Ana pudo recibir las influencias de la buena educación en las Academias Bóveda y Sueiro, donde leccionaban Raúl González, Manuel Luis Acuña o Abel Carbajales.


Semilla que floreció en sus alumnos. Julio Pérez González escribía en 1976 desde Buenos Aires: “era muy niño cuando estalló la guerra, vi soldados, vi falangistas, vi guardias civiles, en su mayoría altivos con los que no pertenecían a estos uniformados: recuerdo cuando se llevaron presos a muchos vecinos, entre ellos el maestro mío, bueno, natural de mi pueblito de Medos, me regalaba cuadernos, lápices, lo hacía así con chicos de condición humilde, pertenecía a una familia de labradores caracterizada por su hospitalidad, mi mente variaba en la formación conceptual respecto a este hombre extraordinario. ¿Qué hizo para que lo llevaran preso? No concebía tal atropello, luego tuve que formularme otra pregunta más atroz, ¿por qué lo fusilaron?”


Semilla que esparcimos hoy por estas tierras, por todo el país y por todo el mundo gracias a Internet, para honra de una gente que recuerda a su maestro. Y lo recordamos con las palabras del amigo, del testigo que quedó para contárnoslo, Armando Fernández Mazas (1995): “Estudioso e inteligente, pero muy retraído y poco amigo de viajar a la ciudad, permaneció los pocos años de su actividad profesional en el medio rural, dedicado por entero a su labor ... Mi última entrevista con el compañero Antonio Caneda fue después de la Insurrección franquista. Decidí trasladarme a la aldea de Castro Caldelas y tenía que pasar por Medos. Me acompañaron hasta atravesar la carretera de Trives, Antonio Caneda y Deogracias Carballo... Mas tarde supe que Antonio Caneda había sido detenido y trasladado a Ourense. Que había estado trabajando con otros en la limpieza de las calles ourensanas. Que había sido trasladado preso a Castro Caldelas, y que de allí lo habían sacado, asesinado y abandonado su cuerpo en la carretera... Deogracias Carballo anduvo varios meses huido por los montes, hasta que fue detenido, procesado y fusilado en la cárcel de Lugo. Ambos fueron víctimas del caciquismo local”.

 


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