Las Burgas

 

En Rivadavia había un ermitaño que se llamaba Pedro y que estaba en el secreto de llevar los canales de aguas calientes al pueblo.

Una vez se sintió enfermo y pensó: "Ya soy viejo y algún día ha de acabar mi vida".

Se sentó a la puerta de la ermita cuando pasó por allí un pastor que al verle tan alicaído le preguntó si necesitaba algo.

"Me encuentro mal, pero Dios dispondrá".

El pastor dijo "Iré a dejar las ovejas y vendré con el médico".

Así hizo y a partir de ese momento, todos los días el pastor pasaba por la ermita a ver que tal se encontraba Pedro.


En el pueblo había una moza que estaba enamorada del pastor, pero éste no le hacía caso.

Un día ocultó en las alforjas el cáliz de la iglesia y le acusó del robo.

Los aldeanos, al oirlo, persiguieron al pastor y le dieron muerte.

Pedro, al enterarse de la muerte de su amigo desvió los canales de las aguas calientes de Rivadavia a Orense donde afloraron en las Burgas.

 

 

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