La Princesa d'A Barbança

 

 

En tiempos de la conquista romana llegó a Barbança una cohorte de tropas que pusieron en alerta a los celtas de Touta. La defensa de los celtas era impenetrable para los militares romanos.

Después de muchas luchas, los romanos pagaron a un traidor y lograron coger prisionera a la hija del rey de Touta.

Pedían a cambio de su libertad que dejasen las armas y un rescate en oro.

Los celtas de A Barbança dejaron las armas para poder recuperar a la hija del rey.

Los romanos devolvieron viva a la princesa, pero le cortaron los dos pechos. Desde entonces, se cuenta que el río Barbança antes de llegar al mar, grita fuerte, casi con más fuerza ahora, con el mismo ruido que semeja al que hacen las armas al caer al suelo unas sobre otras.

Al borde del mar, los muchachos lanzan piedras para que al rebotar sobre las aguas hagan que sus deseos se conviertan en realidad.
Las piedras son runas (cantos rodados de los ríos) que quieren decir "secretos" en lengua celta.

 

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