Trenes

El otro día, paseando por la calle, me encontré con una pegatina ya ajada por el paso de los años que rezaba algo así: 'Todos íbamos en esos trenes'. ¿Todos? Si hacemos como en Matemáticas cuando despreciamos cantidades ínfimas para redondear una cifra, cierto es que en ese caso podríamos decir 'todos'.
Sin embargo, en ocasiones, las palabras no implican necesariamente acciones. Es muy difícil subirse a ciertos trenes en la vida. Por ejemplo, el de Fide.
¿Cuántos se subirían con Fide y se sentarían junto a ella en el vagón? O más bien, ¿cuántos la mirarían a la cara y charlarían y se reirían con ella y le darían un beso y un abrazo sentido?
Porque, de alguna manera, ya viajamos en el tren de Fide, el tren de la vida, en el que ella se subió hace 34 añitos, casi al tiempo que yo. Ojalá un día me la encuentre en el vagón-cafetería y acepte tomar un café conmigo. O quizá me rechace porque piense que quiero ligar con ella. No, no lo creo. Es increíble cuánto nos condiciona el aspecto físico, ¿verdad?
Irónicamente, Fide se apellida Mirón. Ella mira el mundo, te mira a ti, me mira a mí, nos mira a todos.
¿Te atreves tú a mirarla a ella?

'Yo soy normal, la rara es la enfermedad'