|
CARTAS. FARO DE VIGO . Martes, 27 de diciembre de 2005
La educación de los jóvenes se resquebraja
Cuál habría sido la reacción de Aristóteles, en la antigua Grecia, si , parte de sus discípulos se hubiesen dedicado al ultraje diario de su condición de docente, convirtiendo el ágora en barriobajero reflejo de instintos primarios? ¿Qué tenemos entonces, tras siglos de supuesto avance cultural, en las aulas actuales? Pues básicamente la constatación de que uno de los pilares básicos de cualquier país que pretenda preciarse, la educación de los jóvenes, futuros adultos, se resquebraja en una vorágine sin aparente fin. Se adolece de valores, respeto y disciplina, palabra esta última que sigue chirriando en los oídos de quienes siguen perpetrando asociaciones trasnochadas con épocas ya superadas, al menos por algunos. ¿Culpables? Todos: profesores (entre los que me encuentro), padres, Gobierno... En cuanto a los primeros, ha proliferado como seta de otoño la figura del profe-colega, que en mi modesta opinión es confundir la buena relación con el alumnado con la pérdida progresiva de las normas en el aula; ofrece la mano del "buen rollo" y se encuentra, cual Venus de Milo, con la respuesta dada por la carencia de respeto y educación. Considero que la relación profesor-alumno no es una relación democrática en el sentido amplio de la palabra, y me explico rápidamente antes de que el demagogo fácil haga aparecer la palabra dictadura donde ni se me ocurre mencionarla: una cosa son los derechos que unos y otros, como personas, compartimos en indudable igualdad de condiciones; otra muy distinta es el papel de ambos en las aulas. El profesor debe marcar el camino a seguir, que para ello nos hemos preparado durante años. Tenemos el derecho a ser escuchados y respetados en nuestra labor; los alumnos tienen el deber y gran derecho (gratuito por cierto; quizás por ello tan poco valorado...) de aprovechar todo lo que intentamos transmitides. El problema surge cuando se intercambian los roles y es determinado alumnado el que pretende marcar las pautas y parte del profesorado sucumbe al desánimo y al hastío, "ayudados" en cada vez más ocasiones por padres irresponsables, reflejo de una sociedad que pierde valores a pasos agigantados. Frente a la inestimable cooperación de algunos padres (cada vez más "rara avis" los que se dignan a ello) aparecen por un lado los padres "modernos" cuya única preocupación es que el niño se traumatice de por vida si se le exigen responsabilidades u objetivos. Los “educan" como príncipes y princesitas que mandan en sus casas desde edades cada vez más tempranas con el chantaje del berrinche y, pobrecitos, pretenden lo mismo en el aula. Se están creando auténticos ídolos con pies de barro a los que la marea de la cruda realidad hará caer, tarde o temprano. Por otro lado están aquellos que, en un alarde de generosidad y confianza, legan la educación de sus vástagos a la calle, mientras ellos trasiegan, convenientemente apoltronados, bien una cerveza sin responsabilidades alrededor, bien la pasión de un gavilán cualquiera o el frenesí de un orangután venido a famoso. Ambos especímenes dominan la técnica del avestruz o la eterna frase lapidaria de "el profesor le tiene manía a mi niño". ¡Claro! Ellos no pueden con uno pero el profesor debe poder con veintipico, cada uno de su padre y madre, de sus abuelos, del nuevo novio de la madre, del papá que se fue a por tabaco... Sufrimos, en las calles y en las aulas, a los hijos de los primeros niños de la Democracia que, salvo honrosas excepciones, han devorado las libertades y derechos que antes no había y ahora nos vomitan dictatorialmente sus obligaciones... ¡paradojas! ¿Al Gobierno? Mil gracias. Los efectos de la LOGSE socialista de años atrás a la vista están. Nos obsequiaron con la posibilidad de que el que no estudia, no quiere ni deja, no respeta, no sabe ni pretende saber... a ese se le premió con avanzar libremente por la ESO (recordemos, no traumatizar...). Mucho intrusismo profesional se permitió en ese esperpento educativo. Y los cambios, meros parches. Mientras, el buen alumno, la base del futuro de todos, que vaya curtiendo el espíritu para el mañana; el profesor tiene muchas vacaciones para olvidar (desconectar se dice ahora). La incultura y el desconocimiento son osados pero es lo que hay. Yo, como persona que soy, y viendo lo que se avecina, me planteo un plan de pensiones... y un seguro de vida. ¿Exagerado? Ya hablaremos... si nos dejan. Jorge Juan Ramos Suárez. Vigo
|
|
|