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EL DINERO NO DA LA FELICIDAD
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LOS DIEZ MITOS QUE PUEDEN
ARRUINARTE LA VIDA
Lucía
Etxebarría.
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Nuestra sociedad critica a la mujer que se
casa por dinero, pero es magnánima con el hombre que se casa con una mujer
atraído por su belleza. Y eso es porque se dice que el dinero no da la
felicidad, y que ambicionado es cosa de poca ética y menos gusto. Marilyn
Monroe lo explicó así en "Los caballeros las prefieren rubias": "¿No saben
que un hombre rico es como una muchacha bonita? No se casarían con una
chica sólo por su belleza pero, ¡por Dios!, ¿eso no ayuda?". y es que
MarilynfLorelei, como la mayoría de las personas, veía que existe una
relación entre desdicha y pobreza, con lo cual el dinero sí puede traer la
felicidad a quien carece de recursos (si no, las ONG no nos pedirían
dinero, simplemente alegría y buen rollito).
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Pero, aunque está demostrado que el
desarrollo económico aumenta el nivel medio de felicidad, al alcanzar un
cierto estadio de desarrollo el efecto desaparece. Es decir, yo no me
considero una mujer exultante de felicidad, pero intuyo que Victoria
Beckham, con todos sus millones, es mucho más infeliz que yo (cornuda,
anoréxica, sin amigas y con esa cara de vinagre que me lleva todo el
día... ¿ qué quieren que piense?). Los sociólogos han comprobado que
conforme una persona o un país se hace más rico el crecimiento económico
adicional provoca incrementos cada vez más pequeños de felicidad y, a la
larga, el crecimiento no supone mejoría alguna. Al contrario, las cifras
de índices de depresión aumentan a mucha mayor velocidad que nuestro PIB.
La OMS ya ha advertido de que la depresión se convertirá en el año 2020
en la segunda causa de incapacidad laboral en el mundo occidental, detrás
de las enfermedades isquémicas. Y eso es porque para conseguir ese dinero
y esos bienes cada vez tenemos que trabajar más, con más estrés y menos
tiempo libre. Y el desempleo, la inseguridad laboral, la desigualdad
social y la degradación medioambiental son un altísimo precio que estamos
pagando por conseguir las altas tasas de desarrollo económico en nuestro
Primer Mundo. Supuestamente los ordenadores, la mecanización y los
electrodomésticos iban a eliminar la necesidad de trabajar, en casa y
fuera de ella. Pero la longitud de la jornada laboral se estira como un
chicle, y, si el Parlamento Europeo aprueba la directiva Bollenstein, se
estirará aún más, sin posibilidades de futuros recortes.
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Nos gusta el dinero porque podemos
gastarlo. Pero, como nos demuestra el caso de Victoria, una vez
satisfechas las necesidades básicas, la relación del dinero con la
felicidad es una ecuación muy personal. A la hora de establecer prioridades
acerca de los objetivos en la vida, deberíamos ser conscientes de que
organizarla en torno al dinero puede tener implicaciones en otros valores.
Consumistas compulsivos, vivimos obsesionados con comprar más y más cosas
aunque esto nos exija hacer sacrificios absurdos en otras parcelas de
nuestra vida. ¡Alto ahí!, me dirán muchos. ¡Yo gano cuatro perras y me
mato a trabajar! ¡ No soy un derrochador! Y yo les respondo: A ver...
¿necesitas un móvil con cámara? Es más, ¿necesitas de verdad un móvil?
¿Necesitas de verdad una tele? ¿Necesitas la conexión ADSL? ¿De verdad
necesitas renovar tu modelerío cada estación, por mucho que lo renueves en
Zara y no en Gucci? ¿Qué tiene de malo llevar las mismas botas de hace
diez años? (Yo las llevo: unas Dr. Martens). Incluso mis amigas camareras,
que viven realmente explotadas, sin contrato y con un sueldo de miseria,
llenan su vida sin darse cuenta de cosas que no necesitan. En conclusión:
el dinero sí da la felicidad, al principio. Pero después te la quita.
Lucía Etxebarria. Megacine Faro de Vigo |
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