El éxito.., una señal de fracaso                                                                                                              

                                        El Confín.Vicente Montejano.     FARO DE VIGO             Sábado. 25 de junio de2005

Por mucho que parezca extraño y contradictorio, se me antoja que muchos de los éxitos que hoy se airean por parte de unos hacia otros, y a la inversa, no es más que un modus vivendi de alardear los fracasos tácitos de ambas partes. No es insólito en los días que corren, observar que cualquier obtuso o cantimpla a la mínima haga bolillos, sin que se nos dé bien las fórmulas o reglas que estos trepas del neoliberalismo usan para alcanzar tales metas. No es necesario recurrir a la caja tonta, para visionar cómo personas que nunca antes ni ahora son nadie en cualquier plano social elocuente ocupan primeros espacios de audiencia y copan económicamente los primeros puestos de la economía fácil nacional. Ese déficit de valores también se comprueba en los distintos sectores de nuestra sociedad, personas que con escasa creatividad y sensibilidad y nula profesionalidad son aupados en sus puestos de trabajo hasta límites insospechados aunque luego todos acierten en sus "sospechas" los motivos de tales ascensos. Ni que decir tiene si tocamos el mundo de la política, donde, creo ser repetitivo, cualquier chambón puede ser revestido con cualquier banda y medalla y erigirse en el paladín de nuestro pueblo. ¿Acaso es normal que en cualquiera de las elecciones políticas, muchos de los candidatos ni siquiera antes de presentarse hayan asistido a algún pleno o, incluso visitado la Casa Consistorial, y nada más que salen se hacen los dueños del Palacio del Pueblo?

 

En este sentido, también apreciamos que en muchas de las listas, sólo se valora al primero en tanto que sus acompañantes no atraen mucho entusiasmo en el pueblo que vota, pero en caso de salir ganadora dicha candidatura luego acarrea sustanciosos déficits en las distintas áreas de gobierno. En resumidas cuentas, cualquier declive proviene de una situación acomodaticia que te afianza de supuestos éxitos obtenidos, los cuales siempre se anteponen a cualquier iniciativa que venga de fuera y exija una regeneración del sistema. Una vez subido en el éxito es díficil, por tanto, constatar cualquier crisis, pues ésta se inicia al estilo de un sarampión mal cuidado o de fístula que se aventura en fisura.

En la poltrona del éxito, nadie se percata de la crisis personal hasta que ésta toca su membrana central. Empresas que tienen grandes beneficios y se olvidan de estimular honestamente al personal; políticos que alcanzan la mayoría absoluta y se olvidan de quienes les dieron sus votos.

 

En todos estos lances, la labor de ladinos la desempeñan "pequeños principitos" que aprovechan tierras roturadas por otros para hacer su currículum personal, en la empresa, en la política, en la sociedad "Principitos de chicha y limoná" que sin criterio ni iniciativa alguna, sólo siguen la norma que le ordena el superior que los mantiene, sin que se percaten de que su vida en ese ínfimo escalón que se les confiere depende sólo del hilo con el que se hilvane el poder de quien realmente manda. Ese éxito fácil que logran algunos "sin mamar la vida" es vergonzante y vergonzoso, pues da un mal ejemplo a las nuevas generaciones, las cuales heredan un mal legado. ¿De qué me sirve estudiar una carrera o especializarme en alguna profesión si otros, sin tantos estudios logran, dinero, poder y fama?, se preguntan muchos de los jóvenes de hoy.   La escala de valores está en  desuso. Nos encadalizamos de algunas guerras, no de todas, así        mismo de algunos tipos de violencia y de abusos pero no de todas las violencias ni de todos los abusos En ese sentido, nos escandalizamos y reprobamos que se  quieran casar dos homosexuales  o dos lesbianas y crear una familia, pero no salimos a la calle a materializar nuestro rechazo a la pedofilia y la violencia que genera    una sociedad cada vez más insolidaria. Todo se mira o se aprueba según los sectarismos al uso, y en ese aspecto está bien visto que el éxito, el poder y la fama, lo acapare el trepa sin escrúpulos y mal visto que el éxito, el poder y la fama, lo logre alguien incapaz de medrar a costa de poner zancadillas impropias al prójimo. Asentados en el cinismo y aupados en la hipocresía, nuestro bagaje humano apenas crece, la sociedad se hace inmóvil con un destino impredecible. Con cualquier error que sigamos cometiendo tenemos el lamentable temor de repetir los peores pasajes y fracasos de nuestra historia aún reciente.