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Y digo lo de nuevas tecnologías porque los
medios audiovisuales se han convertido en barrera casi insuperable para el
trato con los demás. Porque en la televisión se impone lo zafio y lo
chabacano. Porque el teléfono móvil se ha convertido en excusa para evitar
el diálogo con el vecino inoportuno. Porque unos auriculares nos aíslan de
conversaciones cargantes o comprometidas.
Nuevas tecnologías a las que rendimos pleitesía
de una forma absurda. A nadie se le ocurre, por ejemplo, dejar a una
persona con la palabra en la boca para prestar atención a otra a la que
acabamos de ver. Sin embargo, esa situación es habitual con el teléfono
móvil: dejamos plantado. a nuestro interlocutor real por atender la
llamada de un interlocutor virtual.
Son sólo algunos ejemplos de la falta de
educación -en el sentido tradicional de la palabra- que se observa en
nuestra educada sociedad. Detalles de cortesía, de puntualidad, de
caballerosidad, de delicadeza en el trato que todos echamos en falta en
más de una ocasión. Ya sé que hoy en día no se lleva lo de cuidar las
formas, pero deberíamos saber diferenciar entre lo que sólo es hipocresía
o engolamiento y las auténticas virtudes que hacen agradable el trato
social.
Las formas son muy importantes, porque si
descuidamos esos aspectos formales acabaremos siendo todos unos
informales. Y a veces conviene recordar que hubo un tiempo en que
quien despreciaba esos detalles en el trato social era considerado
simplemente como un maleducado.
Diez
pistas contra la mala educación
1.
Sin límites y
normas no hay educación. Cada familia establece los suyos, pero han de ser
consistentes: no han de ponerse en función del humor del momento.
2.La
coherencia es también básica: una vez establecida una norma, todos los que
están involucrados en la crianza del niño deben compartirla.
3.Autoritarismo,
no, pero autoridad, sí. La autoridadtambién depende de que uno se la crea:
no vale el "espera a que venga tu padre y verás".
4.El
castigo nunca ha de ser una venganza. Tampoco la herramienta educativa
básica. Si se usa, ha de ser a corto plazo y no debe implicar ni daño
físico ni trato humillante y vejatorio.
5.La
disciplina puede conseguirse con técnicas educativas consistentes, como
sentarse a pensar unos minutos. Este tiempo ha de servir para que el hijo
reflexione sobre su comportamiento y se disculpe. Tras ello, ha de haber
una reconciliación afectuosa.
6.Evitar
los gritos: hay que mantener la calma. Una voz tranquila pero
autoritaria, que advierta que uno se está poniendo serio, es mucho más
efectiva
7.Ser
afectuoso: un niño que se siente apreciado difícilmente hará una
trastada. El afecto es un tema emocional, no material, y no debe
confundirse con la permisividad.
8.Hay
que dar seguridad al hijo, felicitarle por las cosas que hace bien. Las
mejores recompensas son la atención y el afecto, mucho más efectivas que
dulces o juguetes (que también han de existir, pero no como norma).
9.Si
se dispone de poco tiempo para pasar con los hijos, es importante que éste
sea ininterrumpido. Reservarse momentos para alguna actividad especial,
como un paseo o un juego.
10.Para
el hijo, sus padres son lo más importante del mundo: pensar que
la paternidad es algo positivo y establecer una relación sólida con ellos
es la clave para tener éxito en esta tarea. (Eva Millet.
Megazine. Faro de Vigo. 2/7/06).
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