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La Coca
Ya he mencionado que por toda Europa era
frecuente sacar en la procesión del Corpus la imagen con ruedas de una
serpiente-dragón, símbolo de las fuerzas demoníacas vencidas por el
Sacramento. Conocida en la mayor parte de los sitios con el nombre de
Tarasca, en Galicia se la denomina Coca, voz derivada
del latín tardío cocatrix (cocodrilo), mientras que la castellana
Tarasca lo hace probablemente del nombre de la ciudad francesa de
Tarascón en la cual, según una leyenda medieval había un dragón gigante
en el Ródano que aterrorizaba a la población hasta que fue vencido por
Santa Marta (leyenda que debió de ser conocida en Galicia ya que aparece
recogida en el capítulo CV de la Leyenda Dorada, obra muy popular
que aparece citada frecuentemente en los inventarios de las bibliotecas
gallegas desde el siglo XV y de la que se conserva un fragmento de una
traducción gallega del siglo XIV).
Los primeros testimonios
europeos de Tarascas del Corpus los tenemos en Flandes en los siglos XIV-XV
(Amberes, 1398, Lovaina 1411, Aalst, 1424...) aunque hay pruebas de la
existencia de dragones en las procesiones y rogativas de la Ascensión
que según Avito de Vienne fueron instituidas en Francia por San Marmerto
en el siglo V. Estos dragones simbolizaban al diablo y eran quemados
pasados los tres días de rogativas, una costumbre que se mantuvo hasta
el siglo XIII de acuerdo con el testimonio del predicador francés Jaques
de Vitry.
En Galicia, la Coca está documentada en Ourense,
Santiago, Betanzos, Ribadavia, Tui, Baiona, A Coruña, Noia y Pontevedra,
y todavía permanece viva en Redondela y en Monção (Portugal), área
portuguesa en la que también existió en Coimbra, Évora, Viseu, Porto,
Braga... Siempre es el gremio de zapateros el que la saca y
frecuentemente el de mareantes con una danza de espadas el encargado de
someterla, rememorando la lucha entre San Miguel o San Jorge y el
dragón, trasunto a su vez de antiquísimos mitos indoeuropeos. En muchos
casos y del mismo modo que sucede hoy en Redondela, la Coca salía en el
contexto del Corpus pero desvinculada de la procesión, probablemente por
los escándalos que provocaba, tanto por los improperios del público como
por la actitud de los que la llevaban o viajaban dentro de ella que
aprovechaban el tumulto para sacar los brazos por la boca u otras
aberturas y sustraer objetos de las tiendas o de la gente.
La casi total desaparición de la Coca en Galicia se debió en
buena medida al efecto de las prohibiciones de Carlos III (20 de Febrero
de 1777, 21 de Julio de 1780 y 10 de abril de 1782) vetando los “disciplinantes,
empalados [y] otros espectáculos semejantes” así como los “gigantones,
gigantilla y Tarasca” que “solo servían para aumentar el desorden
y distraer o resfriar la Devoción de la Majestad Divina…”. Estas
prohibiciones se pusieron lentamente en vigor por los Consistorios
gallegos y, según se desprende de la documentación de Santiago,
Pontevedra y A Coruña, fueron bien recibidas por los gremios que veían
así la posibilidad de librarse de los gastos y molestias que les
ocasionaba la obligación histórica de organizar estos juegos.
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