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Las Anunciaciones en las que aparece el motivo del Niño
mantienen por regla general unas características comunes, un
esquema básico a partir del cual se desarrollan variantes en lo
relativo al lugar que ocupa el Niño en la escena, la postura que
adopta, su tamaño, vestimenta y atributos.
Lo más frecuente es situar en lo
alto la figura del Niño desnudo que desciende del cielo
"nadando" entre en rayos de luz,
precedido por la Paloma del Espíritu Santo.
Normalmente en lo alto aparece Dios Padre, de cuya boca o pecho
parten los rayos entre los que desciende el Niño, aunque puede
no encontrarse en la escena principal (algo frecuente si se
trata de un retablo), o estarlo sólo de modo implícito en el
halo de luz que penetra en la escena.
Una segunda posibilidad,
relativamente abundante en obras bohemias y del norte de Italia,
radica en representar al Niño antes de comenzar el descenso,
todavía entre los brazos del Padre que se dispone a enviarlo y,
en ocasiones, lo bendice. Así lo representan, entre otros,
Lorenzo Veneciano, Mariotto di Nardo o el maestro de Johannes
Von Neumarkt.
Otras variantes, que habría que
calificar de excepcionales, consisten en situar al Niño en los
brazos del ángel, que hace ademán de entregárselo a María,
o fuera de la escena principal, en un luneto, óculo o medallón.
Lo normal es representarlo
desnudo, o a lo sumo envuelto en ligeros paños. Aunque
generalmente es de pequeño tamaño e incluso puede no apreciarse
fácilmente en una mirada rápida,
aparece casi siempre completamente formado, con un tratamiento
anatómico infantil pero pocas veces de recién nacido. En
ocasiones, incluso se transforma en un homúnculo, un pequeño
hombrecito, llegando a representársele con barba y facciones de
adulto para indicar que no se trata de un embrión sino de la
manifestación visible del Logos.
Es regla casi general
representarlo con nimbo, a veces crucífero, o con un halo
luminoso en torno a la cabeza. Puede aparecer también envuelto
en una aureola luminosa más o menos realista. Un caso
excepcional lo constituye la Anunciación de Jaume Serra en el
retablo del Convento del Santo Sepulcro de Zaragoza (cat. Nº 71)
en la que sólo aparece el rostro del Niño convertido en un
pequeño sol, probablemente siguiendo el relato de las
Revelaciones de Santa Brígida
que explota el conocido tópico de la luz que atraviesa el vidrio
sin romperlo como símil de la concepción virginal.
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Anunciación hispano-flamenca del Young
Memorial Museum

Liber Viaticus de Johannes von Neumarkt

Anunciación de Søndersø (detalle) |