ICONOGRAFÍA DESCRIPCIÓN SIGNIFICADO ♦  ADAPTACIONES DIFUSIÓN PAÍSES CONDENAS BIBLIOGRAFÍA BASE DE DATOS



DESCRIPCIÓN DEL MOTIVO

 

Las Anunciaciones en las que aparece el motivo del Niño mantienen por regla general unas características comunes, un esquema básico a partir del cual se desarrollan variantes en lo relativo al lugar que ocupa el Niño en la escena, la postura que adopta, su tamaño, vestimenta y atributos.

 Lo más frecuente es situar en lo alto la figura del Niño desnudo que desciende del cielo "nadando" entre en rayos de luz[1], precedido por la Paloma del Espíritu Santo[2]. Normalmente en lo alto aparece Dios Padre, de cuya boca o pecho parten los rayos entre los que desciende el Niño, aunque puede no encontrarse en la escena principal (algo frecuente si se trata de un retablo), o estarlo sólo de modo implícito en el halo de luz que penetra en la escena.

 Una segunda posibilidad, relativamente abundante en obras bohemias y del norte de Italia, radica en representar al Niño antes de comenzar el descenso, todavía entre los brazos del Padre que se dispone a enviarlo y, en ocasiones, lo bendice. Así lo representan, entre otros, Lorenzo Veneciano, Mariotto di Nardo o el maestro de Johannes Von Neumarkt[3].

Otras variantes, que habría que calificar de excepcionales, consisten en situar al Niño en los brazos del ángel, que hace ademán de entregárselo a María[4], o fuera de la escena principal, en un luneto, óculo o medallón[5].

 

El Niño

 

 Lo normal es representarlo desnudo, o a lo sumo envuelto en ligeros paños. Aunque generalmente es de pequeño tamaño e incluso puede no apreciarse fácilmente en una mirada rápida[6], aparece casi siempre completamente formado, con un tratamiento anatómico infantil pero pocas veces de recién nacido. En ocasiones, incluso se transforma en un homúnculo, un pequeño hombrecito, llegando a representársele con barba y facciones de adulto para indicar que no se trata de un embrión sino de la manifestación visible del Logos[7].

Es regla casi general representarlo con nimbo, a veces crucífero, o con un halo luminoso en torno a la cabeza. Puede aparecer también envuelto en una aureola luminosa más o menos realista. Un caso excepcional lo constituye la Anunciación de Jaume Serra en el retablo del Convento del Santo Sepulcro de Zaragoza (cat. Nº 71) en la que sólo aparece el rostro del Niño convertido en un pequeño sol, probablemente siguiendo el relato de las Revelaciones de Santa Brígida[8] que explota el conocido tópico de la luz que atraviesa el vidrio sin romperlo como símil de la concepción virginal[9].


 

[1] En algunos casos desciende de pié (Misal de la Biblioteca Mazarina, cat. Nº 109); Anunciación de Giovanni Santi de Urbino, cat. Nº 29) o con los pies por delante (Altar Brenken, cat. Nº 96). Puede así mismo hacerlo sentado sobre una nube o resplandor (Iglesia de Sta. Mª de Manta, cat. Nº 27). También pueden sustituirse los rayos de luz por una fístula (Tímpano de Wüzburg, cat. Nº 54) o una especie de cadena (vidriera de Tamsweg, cat. Nº 51), recursos éstos de probable origen teatral.

[2] La presencia de la Paloma no es un "pléonasme typiquement provincial" como sostiene Tolnay (TOLNAY (1959), p. 71), sino un elemento sustancial en toda Anunciación y especialmente en las que nos ocupan en las que se pretende resaltar el carácter trinitario de la Encarnación (vid. infra), aunque es cierto que en algunos casos excepcionales la Paloma no aparece, quizá porque los mismos rayos de luz simbolizan al Espíritu. Igualmente excepcionales son los casos en los que el Niño precede a la Paloma (6 casos: catálogo números: 30, 86, 100, 190, 230, 313) y aquí sí que es posible que se trate de un error ya que no parece posible encontrar en los textos un justificación teológica para semejante disposición.

[3] Véase cat. Nº 8, Nº 18 y Nº 38.

[4] Retablo argénteo de Teramo (cat. Nº 21) y Salterio del kaiser Maximiliano I (cat. Nº 59).

[5] Políptico de Arezzo (cat. Nº 2); Retablo de la Anunciación y los Santos Juanes (cat. Nº 79); Capilla de San Blas (cat. Nº 82), etc. Sin paralelos la Anunciación de Sta. Mariña Dozo (cat. Nº 91) en la cual el Niño aparece de pié con la cruz en la estancia de María.

[6] El hecho de representarlo diminuto está de acuerdo con el relato de la Meditationes pero puede ser también una prevención frente a las condenas (SCHILLER (1972), p. 46). En este sentido conviene notar que el tamaño del Niño mantiene aparentemente una relación con el carácter de la obra en la que aparece: cuanto más "popular", mayor es el Niño, mientras que en las obras de ambiente culto, o realizadas por artistas de prestigio, el Niño es de menores dimensiones (p. ej. el Retablo de Mérode o la Anunciación de Aix, cat. Nº 96 y Nº 109). Por otra parte, la idea de que Cristo ha nacido como un Niño pequeño y no como un bebé se encuentra ya en San Justino (muerto en 165), Dialogus, 23, 3; 113, 4 y ss. (vid. IBAÑEZ y MENDOZA (1975), p. 34).

[7] Así, por ejemplo, en las Anunciaciones del Tríptico de la Coronación de la Academia de Florencia, el Misal de Zittau, la iglesia de Sta. Mariña Dozo de Cambados o la iglesia de Søndersø (véanse en el catálogo informatizado los registros números 15, 49, 91 y 273).

[8] "... entré en las entrañas virginales de mi Madre como el sol esplendente que entra por un purísimo cristal..." (Revelaciones, I, I, p. 35). Hay un caso posterior de Niño-sol en la Anunciación mejicana de Cristóbal Villalpando (1706, cat. Nº 209).

[9] La metáfora luminista tiene una larga tradición en la literatura mariana desde San Bernardo por lo que una nómina de referencias mínimamente exhaustiva sería interminable. En España aparece, entre otros muchos, en la obra de Berceo: "En el vidrio podría asmar esta razón/como lo pas el rayo de sol sin lesión/tu así engendraste sin nulla corruption" (Loores de la Virgen, copla 20), en Gómez Manrique (Loores e suplicaciones a Nuestra Señora, p. 147 "o virgo senper ynata/ de la cual nasció tu padre/ tu quedando tan entera/ como sana vedriera/ finca del sol traspasada") y en Fray Iñigo de Mendoza (Coplas de Vita Christi, nº 30 "Tu quedaras tan entera/ de la preñez del infante,/ qual queda la vidriera/ quando en ella reuerbera/ el sol y passa adelante,/ que la dexa en aquel son/ que la hallo quando vino;/ pues asy sin corrupçion /seras de la encarnaçion/ del sacro Uerbo diuino").

 

  Anunciación hispano-flamenca del Young Memorial Museum

 

 Liber Viaticus de Johannes von Neumarkt

 

Anunciación de Søndersø (detalle)