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Aunque
desde finales del XIX abundan los trabajos en los que se hace
referencia al motivo del Niño,
fue Adelheid Heimann la primera en sugerir un origen, que para
ella habría que buscar en Francia, en concreto en las Biblias
Moralizadas.
Éstas suelen incluir, como correspondencia tipológica del
episodio en el que el Faraón hace vestir a José con ricas
vestiduras (Gen. 41, 42), una escena en la que Dios Padre
entrega a la Virgen un niño nimbado al que "viste" con la carne
de María.
Una imagen similar, aunque con la presencia de un ángel
entregando el niño desnudo a la Virgen, o bien ésta
sosteniéndolo en su seno, se utiliza como tipo moralizado de la
cocción del pan del sacrificio (Lev. 2, 4).
Sin
embargo, como señala Robb,
estas escenas no son en realidad Anunciaciones. En ellas no se
pretende representar el episodio de la Salutación angélica -las
Biblias Moralizadas incluyen Anunciaciones en las que no
aparece el motivo del Niño-,
sino el hecho mismo de la Encarnación.
Por otra parte, en las escenas aludidas no aparecen nunca los
rayos del luz procedentes del Padre ni el sentido de descenso -emisus
caelitus-
que acompañan al Niño en los ejemplos plenamente desarrollados.
Estas
razones, unidas al hecho de que en Francia la Anunciación con
Niño aparece tardíamente,
llevan a Robb a rechazar la hipótesis de Heimann y, aun
admitiendo la posibilidad de una cierta influencia tipológica, a
negar que las Biblias Moralizadas hayan sido la fuente
iconográfica para las Anunciaciones con Niño posteriores.
Para Robb,
la iconografía sería de origen italiano, concretamente
florentino, apareciendo por primera vez, hacia 1310-20, en el
Lignum vitae de Pacino di Buonaguida (cat. Nº 1), una obra
claramente inspirada en el texto del mismo título de San
Buenaventura, texto que permitiría explicar la presencia de dos
Niños en la Anunciación del árbol -uno sobre el cuello de María
y otro descendiendo del Padre-, un hecho que no se repetirá en
los ejemplos posteriores.
A partir
de la obra de Pacino, Robb plantea un cuadro de cerradamente
difusionista. En primera instancia el motivo se difundiría por
Italia apareciendo luego en Bohemia y más tarde en la Península
Ibérica, Flandes, Francia, Inglaterra, etc. Para él la
iconografía es una creación individual, basada en un texto
concreto y todos los demás casos serían fruto de la difusión,
siempre en ambientes de clara influencia italiana. Tan sólo en
el caso inglés, admite, aunque con reservas, la posibilidad de
una invención independiente derivada de la puesta en escena
teatral, aunque teniendo en cuenta que la referencia a la
presencia del Niño en la Anunciación aparece en una fecha
avanzada (1468) y solamente en uno de los muchos textos
conservados, descarte al teatro como vehículo de difusión y
popularización del motivo.
El
trabajo de Robb se convirtió pronto en un clásico sobre el tema,
y los que con posterioridad se ocuparon del asunto, o bien
aceptaron prácticamente sin reservas su cuadro de difusión y sus
hipótesis sobre el posible origen del motivo,
o desconocían su trabajo y no se ocuparon del problema del
origen.
Tan sólo Dubreuil
ha planteado objeciones a la tesis de Robb, señalando el
carácter incompleto de los primeros ejemplos italianos (el
medallón del Lignum vitae de Pacino y la Anunciación del
altar de Arezzo de Pietro Lorenzetti, catálogo números 1 y 2),
en ninguno de los cuales aparece la cruz que suele portar el
Niño en ejemplos posteriores. El primer caso en el que aparece
la cruz habría que buscarlo en Bohemia (Antifonario del
convento de Vorau, ca. 1360, cat. Nº 40), una década antes
que en Italia.
Tanto
Robb como Dubreuil, más allá de sus discrepancias a la hora de
establecer el primer ejemplo de la iconografía, plantean
un proceso de creación ex nihilo, sin considerar la
existencia de toda una serie de precedentes en los que se
intenta hacer visible la relación existente entre la
Anunciación, la Encarnación y la finalidad redentora de ésta,
una asociación que había sido establecida sólidamente por la
teología desde los primeros tiempos del cristianismo, aunque no
alcanzara expresión plástica en una imagen concreta.
Las
Anunciaciones con el árbol del Paraíso
o las que incluyen la Fuente de la Vida o a Eva con la serpiente
tienen en común la misma intención de engarzar la Anunciación en
el contexto de la Historia de la Salvación.
Es también frecuente, para destacar la finalidad redentora de la
Encarnación, asociar en una misma obra la Anunciación con la
Crucifixión
y no faltan, desde el siglo X, ejemplos de Anunciaciones en las
que aparece el motivo del Niño, si bien no aparece nunca
descendiendo del cielo y es en realidad del Niño Jesús, no el
Logos.
Especialmente interesantes como precedentes de la iconografía
que nos ocupa son dos casos hispanos, inadvertidos para los que
con anterioridad de ocuparon del tema: la Biblia de San
Isidoro de León (960)
y el Beato de Fernando I (1047). En ambos códices se
incluyen, en los árboles genealógicos que preceden a la obra,
sendas Anunciaciones compuestas por un medallón con María y el
niño en el regazo y, fuera de éste, al ángel anunciador. En el
caso del Beato el Niño lleva en su mano una cruz patada
de tipo asturiano con un largo astil, evidente alusión a la
misión redentora.
Existen
también en el arte bizantino algunas Anunciaciones -que derivan
de las Vírgenes tipo Platytera-,
en las que aparece del Niño
sobre el pecho de María
y aunque no parece probable que hubieran podido influir en los
iconógrafos occidentales,
su existencia es significativa por cuanto testimonian un
fenómeno de convergencia: la necesidad de expresar plásticamente
conceptos teológicos similares llevó a los artistas orientales y
occidentales a soluciones análogas. Ello permite suponer, al
menos como hipótesis de trabajo, la existencia de varios focos
de creación independiente en occidente sin tener que recurrir
necesariamente al difusionismo para explicar la presencia del
motivo.
A la luz
de los precedentes mencionados, la iconografía de la Anunciación
con Niño aparece como el fruto de una lenta evolución, de una
serie de tanteos sucesivos que cristalizarán a mediados del
siglo XIV en una imagen en la que se hace claramente explícita
la secuencia Anunciación-Encarnación-Redención, resaltando el
carácter trinitario de la Encarnación y prefigurando, por medio
de la cruz, los episodios de la Pasión.
Las
ideas que informan la nueva iconografía no son nuevas en la
teología occidental, pero en la época bajomedieval pasan al
primer plano y aparecen insistentemente en la teología
franciscana que hace especial hincapié en la Encarnación como
obra de la Trinidad y manifiesta una tendencia constante a ver
prefigurada la Pasión en todos los episodios de la vida de
Cristo. Ya Robb había señalado la influencia de un texto de San
Buenaventura en la Anunciación de Pacino di Buonaguida pero
resulta imposible hacer extensivo su influjo al resto de las
Anunciaciones en las que no vuelven a aparecer los dos Niños con
los que Pacino pretende hacer visibles la naturaleza humana y la
divina de Cristo.
Hay sin
embargo una obra, las
Meditationes vitae Christi,
verdadero compendio de la Pietas franciscana, que ejerció
una notable influencia en la configuración del sentimiento
religioso popular bajomedieval
y en el campo de la creación artística,
en cuya descripción de la Salutación angélica aparecen con
vívidas imágenes todos los componentes que habitualmente están
presentes en las Anunciaciones con Niño:
"...
Porque debes saber que la excelente obra de la Encarnación, la
hizo toda la Trinidad aunque solo se encarnó la persona del
Hijo. [...] Y arrodillada con profunda devoción, según se lee en
sus revelaciones, y con las manos juntas, dijo: He aquí la
esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra. En este mismo
instante, todo un hijo de Dios entró en el seno de la Virgen y
tomó de ella carne, quedando al mismo tiempo todo en el seno del
Padre [...] Y en el mismo instante, criada e infundida el alma
en el cuerpo, quedo hecho perfecto hombre con la debida
disposición corporal, aunque muy pequeñito, de modo que crecía
naturalmente en el vientre como los demás; pero la infusión del
alma y la distinción de miembros no fue retardada, como sucede
con los otros, y era tan perfecto Dios como perfecto hombre, y
tan sabio y poderoso como lo es ahora [...] Hoy el Hijo ha
recibido del Padre la nueva obediencia de obrar nuestra
salvación. Hoy, saliendo de lo más alto del cielo, se alegra
como gigante, para correr su camino y se encerró en el huerto
del vientre virginal. Hoy también se ha hecho uno de nosotros y
hermano nuestro, y ha comenzado á peregrinar como nosotros. Hoy
ha descendido del cielo la luz verdadera para alejar y disipar
nuestras tinieblas. Hoy el pan vivo, que da vida al mundo, es
cocido en el horno del seno virginal. Hoy el Verbo se hace
carne, para habitar entre nosotros. Hoy han sido oídos y tenido
su cumplimiento los clamores y deseos de los patriarcas y
profetas..."
Creo que
es importante destacar el papel que el texto ha debido de jugar
en la creación de la imagen que nos ocupa, su difusión y la
influencia que ejerció en artistas e iconógrafos autorizan a
pensarlo así. No pretendo, sin embargo, que sea éste la única
fuente de la iconografía. Las ideas que recoge el autor de las
Meditationes no son completamente nuevas y en buena parte
pueden haber sido inspiradas por el arte, por ello conviene no
olvidar la influencia que, desde el campo de la imagen, pudieron
ejercer algunos prototipos como los anteriormente señalados.
El motivo
del Niño no suele aparecer en obras de primera línea, sino en
trabajos de carácter retardario, burgués o incluso claramente
popular, y será precisamente en estos ambientes en los que la
imagen perdurará, a pesar de las condenas, hasta bien entrado el
siglo XVIII. Es en el ámbito privado de los libros de horas, de
los altares portátiles y de las imágenes de devoción donde el
motivo alcanza su pleno desarrollo. Es fundamentalmente un
motivo pictórico (la condena de San Antonino se refiere
concretamente a los pictores), aunque puede encontrársele
prácticamente en todos los campos de la actividad artística,
desde la eboraria
hasta la vidriera,
pasando por el grabado,
la metalistería,
la escultura,
y la tapicería o el bordado.
Es lógico
pensar que la vía principal de propagación del motivo haya sido
la circulación de manuscritos. La miniatura es, efectivamente,
uno de los ámbitos en los que aparecen mayor número de casos
y especialmente adecuado por la movilidad de las piezas para
servir de vehículo de difusión. Un testimonio evidente del
funcionamiento del mecanismo lo tenemos en Bohemia, donde el
motivo aparece en primer lugar en la miniatura tras el viaje a
Italia del emperador Carlos IV de Luxemburgo en 1356, o en
Estiria, donde la iconografía llegó también desde Italia hacia
1340.
Otro
posible medio de difusión pudieron haber sido los retablillos de
alabastro ingleses, piezas viajeras como atestigua su dispersión
por todo el continente, en los que el motivo fue utilizado con
frecuencia. No hay que olvidar tampoco el papel de los libros de
modelos y de los grabados ni, en última instancia, de los
desplazamientos de artistas en busca de trabajo. El caso
valenciano es un buen ejemplo de esta vía de difusión ya que la
iconografía la introduce en Valencia el Maestro de Bonifacio
Ferrer cuya procedencia italiana es más que probable.
Tampoco
puede descartarse completamente el papel del teatro como vía de
transmisión del motivo. Aunque el tema no es demasiado frecuente
en los Misterios, existe una referencia concreta de la
aparición del Niño en escena descendiendo desde lo alto. La
referencia aparece en una de las piezas del Ludus Coventriae
(Salutation and Conception) bajo la forma de una rúbrica
con indicaciones para la representación en la que se especifica:
"Here
the holy gost discendit with III beyms to our lady · the sone of
the godhead nest with III beyms . to the holy gost . the fadyr
godly with III beyms to the sone, And so entre All ther to here
bosom".
La rúbrica es un añadido interpolado
en 1468 y parece estar basada en el relato de las
Meditationes vitae Christi, probablemente en la versión
inglesa de Nicolas Love (The Mirrour of the Blessed Lyf of
Jesu Christi, ca. 1410).
Sin duda la ejecución de las indicaciones de la rúbrica haría
necesaria la utilización de muñecos que descenderían con un
sistema de cables y poleas desde las bóvedas de la iglesia lo
que podría explicar la rigidez de muchos de los Niños,
especialmente en las Anunciaciones de los retablos de alabastro
ingleses.
Se ha señalado también la posibilidad de que los rayos de luz en
los que el Niño desciende "nadando" en la mayoría de las
Anunciaciones en las que aparece el motivo fuesen la
representación pictórica de los cables que se utilizaban para
hacer descender los muñecos, y lo mismo podría decirse de los
casos en los que el Niño y la Paloma aparecen rodeados por
aureolas circulares, probablemente inspiradas en los discos de
madera pintados que se hacían descender en las representaciones
teatrales.
Otros elementos de posible origen teatral son las fístulas y
cadenas por las que desciende el Niño en algunos casos,
o los óculos en las bóvedas por los que asoma. Lo que no está
claro, a falta de otras referencias, es si en este caso el arte
se inspira en el teatro o a la inversa. En concreto para el
motivo del Niño, la rúbrica en la que aparece descrito es
contemporánea de las obras inglesas en las que aparece la
iconografía, todas ellas datadas en la segunda mitad del siglo
XV y la mayoría hacia 1500.
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Biblia moralizada de Viena (siglo XIII)

Lignum Vitae (Pacino di Buanaguida, c. 1320)

Beato de Fernando I (1047)

Biblia de Budapest (c. 1330)

La
Encarnación y el Parlamento celestial
Alabastro
del Victoria & Albert Museum, (c. 1500)

Vidriera de Tamsweg (Salzburgo, c. 1435) |