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SIGNIFICADO Y FINALIDAD
Con la presencia en la
Anunciación de un Niño desnudo que desciende del cielo, los
artistas, o mejor sus mentores iconográficos, trataban sin
duda de hacer visible el misterio de la Encarnación. La
figura del Niño no pretende ser una representación del
embrión de Cristo sino del Logos.
Recurrir para ello a uno de los símbolos tradicionales en el
arte para la representación de las almas entra dentro de la
ortodoxia a pesar de la confusión a la que puede inducir en
la escena de la Anunciación.
Cierto que hasta el siglo XV
se mantuvo minoritariamente entre los teólogos la tesis,
luego considerada herética, de la concepción in coelo
pero no parece que fuera la intención de los iconógrafos el
ilustrarla, al menos en la mayoría de los casos. Que el
objetivo de los artistas era la representación del alma de
Cristo lo demuestran, además de los rasgos mencionados, las
adaptaciones que se hicieron de la iconografía para temas
como la Animación de Adán, con Dios Padre o la
Trinidad enviando desde lo alto el alma de Adán en forma de
un Niño desnudo.
Incluso se hizo extensiva la iconografía al campo secular,
utilizándose el motivo del Niño desnudo para representar al
alma humana enviada por Dios en el momento en el que se
produce la concepción.
Es el alma de Cristo, por
tanto, lo que se quiere representar, lo cual es
perfectamente ortodoxo e incluso pueden señalarse algunos
paralelos fuera del campo de las Anunciaciones: En el
Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago se
utiliza también una figurilla, en este caso vestida y con
barba, para representar el alma de Cristo en la Anástasis
del arco izquierdo,
y en algunas crucifixiones, inspiradas sin duda en la
iconografía que nos ocupa, aparece en lo alto Dios Padre
recibiendo el alma de su Hijo muerto bajo la forma de un
Niño desnudo, consiguiéndose así una genial recapitulación.
Una vez cumplida en la cruz su misión redentora el Logos
retorna al Padre en la misma forma en la que éste lo había
enviado.
En la mayoría de los
ejemplos de la iconografía, el Niño desciende hacia María
llevando en sus manos una cruz. La cruz no aparece en todos
los casos aunque no creo que su presencia o ausencia deba
atribuirse únicamente al capricho del artista como sostiene
Robb,
ya que generalmente cuando falta es porque el contexto la
hace innecesaria.
Con ella se trata obviamente de prefigurar la misión
redentora de Cristo, siguiendo la tendencia bajomedieval
a recapitular toda la historia de la salvación en función de
su momento crucial: la Pasión.
Con la presencia de la cruz,
el motivo del Niño adquiere plena significación, resumiendo
en una imagen el misterio de la Encarnación y su finalidad
redentora que se cumplirá por medio del sacrificio de Cristo
en la cruz. Incluso en algunas Anunciaciones en las que no
aparece el motivo del Niño se plantea la misma proyección
sustituyendo el cetro o bastón
que suele llevar el ángel por una cruz que hace ademán de
entregar a María. Hay ejemplos muy antiguos de esta
transformación en el arte copto, apareciendo en occidente en
la época carolingia y otoniana.
En el románico es relativamente abundante (capitel de la
Puerta de Miègeville, portada de Leyre, capiteles de Jaca,
Alet y Chauvigny...)
y, aunque quizá en algunos casos la cruz haya que verla más
como una insignia o atributo litúrgico que como una alusión
a la Pasión,
en otros más tardíos creo que es evidente la intención de
resaltar la finalidad salvadora de la Encarnación.
La presencia de Cristo-Logos junto a Dios Padre y la
Paloma del Espíritu Santo, confiere a las Anunciaciones con
Niño un carácter trinitario que las convierte en la
expresión visible de la concepción bajomedieval de la
Encarnación como obra de la Trinidad.
Ya Santo Tomás en la
Summa señala que la Encarnación es la obra de toda la
Trinidad,
idea que recogen las Meditationes:
"Porque debes saber que la
excelente obra de la Encarnación, la hizo toda la Trinidad
aunque sólo se encarnó la persona del Hijo, como si al que
se viste una túnica le ayudasen dos por los lados tirándole
de las mangas. [...] Pues aunque en todas partes está la
Santísima Trinidad, no obstante debes considerar que ahora
está allí de una manera singular, por razón de que la
operación que allí se obra es también del todo singular.
[...] Mira, por Dios, aquí, y considera cómo toda la
Trinidad está allí esperando la respuesta y consentimiento
de esta su hija..."
Y que más tarde hará suya Ludolfo de Sajonia:
"Deus, que enviou o ângeo,
foi tôda a Trindade, ainda que ao Padre soo seja atribuído.
O Padre enviou, porque a el perteencia o cuidado de proveer
do Filho e do Spiritu Santo e da Sposa e Madre. O Filho
enviou também, porque el havia de viinir em a Virgen. O
Spíritu Santo outrossi enviou, porque el houve de santificá-la
e cobri-la da sua sombra".
Parafraseando al Pseudo-Buenaventura:
"E teemos desto semelhança em très que vestem uum de si
meesmos dos quaaes se pode dizer que todos juntamente fazem
unha obra e aquêlo que faz uum faz o outro, e nom é porém
vestido senom uum".
Y citando a San Agustín:
"Quaaesquer obras de cada unha das pessoas da Trindade, a
Trindade as obra e faz, e a qualquer que obra, as outras
duas pessoas adjudam".
Como señala Gössmann,
la interpretación trinitaria del Dominus tecum de los
comentarios tardomedievales
ha sido transportada en las Anunciaciones con Niño al campo
visual.
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Animación de Adán
Bible historiée de
Guyart Desmoulins
(Biblioteca Morgan, Ms.
394, fol. 5v, c. 1450)

Concepción de un niño,
Vita
Christi de Jean Mansel
(Biblioteca del Arsenal, París, Ms. 502, fol.
52)

Biblia de Carlos VIII de
Francia (ca. 1500),
Biblioteca Nacional de
Madrid, Vit. 24-1, fol. 95)

Anunciación con santos (c. 1500)
Francesco
Raibolini (detalle) |