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Betanzos
En Betanzos, conocemos con detalle
la estructura de la procesión por las descripciones condenatorias de los
visitadores diocesanos que la vieron en 1604, 1609 y 1642 aunque las
procesiones eran en la villa una costumbre muy anterior, del siglo XV si
hacemos caso del asiento del Libro de fundaciones de la parroquia
de Santiago que registra la donación de una custodia para la procesión
en 1443. En todo caso, en el siglo XVI la procesión debía de estar ya
completamente desarrollada como se deduce de las referencias en las
Ordenanzas del gremio de zapateros de 1596 que mencionan en pasado
al “camello” y los juegos y representaciones que los visitadores
posteriores califican de “antiguallas”. En el siglo XVI se hizo una
nueva custodia procesional, la que hoy se conserva en la iglesia de
Santiago, y varios documentos se refieren a la cofradía de Corpus
Christi “Minerva” y las danzas gremiales. Por último, un
documento de 1601 afirma que la ordenación de la procesión había
permanecido inalterable «dende tienpo inmemorial a esta parte»,
por lo que podemos pensar que las descripciones de los visitadores
reflejan una situación existente desde finales del siglo XV.
La procesión salía de la parroquia de Santiago e
intervenían en ella los gremios, los doce Apóstoles, la Tarasca (camello
la llamaba el pueblo porque tenía gibas y así la denominan los
visitadores), justadores con palos de la cofradía de San Pedro, danzas
de arcos, máscaras de Cristo y los Apóstoles… y curiosos personajes como
los gamachiños. Los entremeses consistían en una
representación del martirio de San Sebastián que era juzgado por un
tribunal, condenado y asaeteado por unos flecheros, al tiempo que un
ángel lo confortaba. Los visitadores hablan también de hombres a caballo
“jugando a los dados”, probablemente simbolizando a los sayones echando
a suertes la túnica de Cristo, tal y como suele representarse el
episodio en el arte. Veamos la descripción del visitador de 1609
publicada por Pérez Costanti:
“Otro sí por quanto su merced fue
informado que en la procesión que se hace el día de Corpus se usaban
ciertas antiguallas, las quales mas profanaban la dicha procesión que la
santificaban, demás que no son conformes a nuestra rrelixión christiana
ni a la devoción que se debe de llebar, en semexantes actos, antes la
quitan y provocan a irrisión de tan alta solemnidad: porque los cofrades
de San Pedro ban en la procesión jugando doblones a los dados, y otros,
so color de justadores, se dan de palos, y estos abusos hacen estando a
caballo delante del Santísimo Sacramento, estando la custodia parada, y
otros que llevan flechas y hacen que un hombre represente a San
Sebastian y en la procesión hacen que se detenga el Santísimo
Sacramento, y que tiran las flechas y ponen unos juezes para
sentencialle y fingen que biene un ángel a confortar al que representa
San Sebastián, todo lo qual es digno de remedio por las causas arriba
dichas y por otras que mobieron a su merced Atento lo qual mandaba y
mandó que de aquí adelante los mayordomos de la cofradía del Señor San
Pedro y a los del Señor San Sebastián y a los de San Jorge, a los que al
presente son y adelante fueren, y a todas las demás personas a quienes
lo susodicho toca o tocar pueda en qualquiera manera, no saquen en la
dicha procesión los dichos juegos ni jueguen los dichos dados ni bayan a
caballo, ni hombre que represente a San Sebastián, ni jueces que lo
juzguen ni los demás abusos que solían sacar .. Y lo cumplan so pena de
ex comunión y de cinquenta ducados a cada uno que lo contrario hiciere,
en que desde luego les ha por condenados, los quales aplicaba y aplicó
para gastos de guerra que Su Majestad hace contra ynfieles; y encargó su
merced al corregidor y Justicia ordinaria desta ciudad y a los Rectores
lo agan cumplir y executar las dhas penas a los que lo quebrantasen y
los dichos Rectores y clérigos que fueren en la dicha procesión se
buelban con ella a la iglesia...”.
El visitador de 1604,
el jerezano Fray Francisco de Vera, Obispo de Medauro y auxiliar de
Compostela, no es tan prolijo en la descripción pero proporciona una
noticia muy interesante sobre los demachines (también conocidos
como gamachiños o fetoyros, personajes enmascarados de
carácter diabólico pero con rasgos cómicos que acompañaban la procesión
espantando a los curiosos que se acercaban demasiado a las imágenes o al
Sacramento. Naturalmente la mención de Fray Francisco es para condenar
la costumbre cuya realización estaba a cargo del gremio de mareantes que
integraba la cofradía de San Miguel: “no se permitan los demachines
que andan aquel día en la dicha procesión”, pero al parecer su
prohibición cayo en saco roto ya que aunque no los mencionan los
visitadores de 1609 y 1642, en las cuentas del gremio de mareantes de
1644 están anotados un pago de tres reales al gamachino y otro de
cuarenta y seis por la “máscara del gamachino y pintura de los arcos”,
y en los inventarios del mismo gremio de 1678 y 1695 consta la
existencia de “la máscara del gamachino con su vestimenta” y “la
bistimenta del fetoyro con su máscara”.
Los gamachiños, como los céntulos
de Pontevedra, el feno de Ribadavia y Allariz y otras máscaras
similares, debieron de ser muy abundantes en las procesiones gallegas
aunque fueron desapareciendo por la presión de la jerarquía eclesiástica
que desde finales del siglo XVI se propuso desterrar de las festividades
religiosas estas intrusiones “profanas”. Quizá algunas de las máscaras
carnavalescas actuales tengan su origen en las antiguas del Corpus y
todavía perviven en algunas procesiones religiosas como la de la Virgen
de los Remedios de Castro Caldelas en la que sale el Iirrio,
máscara religiosa con careta de madera barbuda que goza de los mismos
privilegios de inmunidad física y derecho de exacción a los tenderos de
los que disfrutan los peliqueiros del carnaval, con los que
coincide en los castigos físicos que inflige al público que no puede
defenderse de obra aunque sí de palabra.
Interesante desde el punto de vista de la
historia del teatro y del espectáculo era la representación de una
pantomima en el campo de San Roque en la que la coca o camello era
derrotada por San Jorge en una “justa” como sucedió en Redondela,
Santiago, Ourense y otros lugares y aun se hace en Monçao. El camello
brigantino era según los datos de un documento de 1765 de cuerpo
flexible y lo llevaban cuatro muchachos cuyas piernas sobresalían por
debajo como los dragones de tela chinos, encargándose el primero de
mover la cabeza y manejar el mecanismo que le permitía abrir y cerrar la
boca. Tenía al parecer tres jorobas en una de las cuales cabalgaba el
muñeco Juan Ynfante. Iba acompañada de guardias, pajes y un rey,
siendo tradición que al llegar la procesión al campo de San Roque, la
coca y su cortejo se apartasen de la misma y mientras se cantaba el
Te Deum y otros himnos ellos descansaban en una casa de la plaza
cuyos propietarios tenían por costumbre ofrecerles bebidas, sillas y
hasta una cama para el rey. |

Custodia de la Iglesia de Santiago de
Betanzos (Guillermo de Gante y Bernal Madera, ca. 1586)

Gamachiño de
Betanzos
Foto de Masaca en
Vales Villamarin

Máscara del Irrio de la procesión de la
Virgen de los Remedios de Castro Caldelas

La Coca medieval
de Betanzos
Reconstrucción
según Alfredo Erias
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