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Teatro
hagiográfico
La
actividad dramática popular canalizada a través de gremios y cofradías
religiosas tuvo su expresión más acabada en el Corpus pero tenemos también noticias
de otras manifestaciones teatrales en el Carnaval o en las fiestas
patronales y las dedicadas a santos protectores como San Roque. Este
último santo, muy popular como abogado de la peste, dio lugar en sus
celebraciones a numerosas actividades de carácter dramático y
espectacular como las que tenían lugar en Compostela con “juegos,
cañas, torneos y sortija”, además de las habituales comidas
gremiales, toros, y solemne procesión en la que salía, como en el
Corpus, la Coca, llevada por el gremio de obra prima.
También en Pontedeume, donde el santo era
venerado por la protección que, según creencia popular, había dispensado
a la villa en la peste de 1517, se creó una cofradía que celebraba
anualmente su festividad con funciones religiosas, toros, juegos de
sortija, cabalgatas de máscaras nocturnas y representaciones de
comedias en las que actuaban miembros de la cofradía escogidos por
el mayordomo -bajo pena de dos ducados de multa si se negaban-.
En Betanzos, donde las noticias son muy
abundantes, sabemos que la festividad del santo, patrono de la ciudad
desde 1416, era celebrada no sólo con oficios religiosos sino también
con juegos, máscaras, toros, fuegos y torneos y una procesión en la que
salía, como en Compostela y A Coruña, la Coca del Corpus.
En las ordenanzas de la cofradía betanceira
de San Roque aprobadas en 1579, ya se habla de conmemorar la fiesta
mediante “un juego de sortija” y “una máscara y regocijo de a
caballo todos disfrazados y con sus libreas buenas y decentes”, y
sabemos que eran frecuentes las representaciones teatrales a
cargo de compañías profesionales que recorrían algunas villas gallegas
después de haber sido contratadas por el cabildo compostelano para las
fiestas del Corpus (la compañía jienense de Juan Hurtado actuó en la
villa en las fiestas de 1605 procedente de Santiago y antes de partir
para las fiestas del Rosario de A Coruña).
En 1683 el Capitán Don Diego García de Losada nos
informa de que "en las ocasiones de dichas fiestas los vecinos de
esta ciudad hacen sus papeles en máscaras y otras cosas concinientes a
ellas...”, y en el año 1694, un documento habla de la obligación de
los vigarios de "hazer fiestas públicas al Santo no solo en lo
tocante a la iglesia y culto divino, con Misa Mayor, Sermón, sino
también fiestas y regocijos públicos de comedias, toros, máscaras,
torneos y otros, y fuegos como se estila y acostumbra hazer en fiestas
solegnes..", datos que demuestran claramente la dimensión teatral de
los festejos.
Nada indica, sin embargo, que las
representaciones tuvieran como tema la vida de San Roque, y parece que
se trataba simplemente de mascaradas populares y de representaciones de
comediantes venidos de fuera con repertorio de ocasión, lo mismo que
sucedía en otras ciudades gallegas como Ourense, donde consta la
presencia de Juan de Salazar representando en las fiestas de San Roque
de 1642, y Lugo, donde también sabemos de la estancia de compañías
castellanas, -la de Diego de Bustamante en 1628 o la de Pedro de Soto y
Juan de Salazar en 1641-, representando con motivo de las fiestas de San
Froilán.
Las representaciones de temática hagiográfica parecen
haber sido poco frecuentes en tierras gallegas aunque tenemos algunas
noticias de representaciones de vidas de santos en Compostela en las
fiestas del martes de Pascua de Resurrección que mantenía la cofradía de
la Quinta Angustia (La Vida de san Eustaquio en 1583). Es posible
también que algunas de las “comedias” que se mencionan en los
documentos fuesen de las populares comedias de santos que con su
abundante uso de tramoyas, trucos y milagros hacían las delicias del
público castellano del XVII, pero no hay datos concretos al respecto y
las representaciones populares de temática hagiográfica que
sobrevivieron hasta tiempos recientes (Martirio de Santa Ágata, San
Roque…) poco pueden decirnos sobre la antigüedad del género en Galicia.
Sólo sabemos con seguridad de la representación del martirio de San
Sebastián en Betanzos en el contexto de la procesión del Corpus, y es
extraño que no tengamos testimonios consistentes de la existencia de un
teatro de temática jacobea cuando en otras zonas de Europa sí hubo
representaciones de los Milagros y la Pasión de Santiago basadas en el
Calixtino y la Leyenda Dorada.
Es sabido que la Fiesta de los
milagros de Santiago (3 ó 5 de octubre) se celebró en Compostela -aunque
sin especial solemnidad- hasta el siglo XV, y que los Milagros de
Santiago del Calixtino se leían en la catedral compostelana “los
días festivos del Santo Apóstol y otros, si place”, pero tenemos
escasos indicios de la existencia de un teatro jacobeo, a pesar de que
desde fechas tempranas la liturgia compostelana había otorgado un
notable protagonismo a Santiago, con generosas dosis de lírica e
incluyendo ceremonias de carácter dramático y espectacular como la
Vigilia en la víspera de su fiesta (inspirada en la Vigilia Pascual) o
la solemnidad de su Elección y Traslación (30 de diciembre) que se
celebraba con solemnísima procesión, exhibición de reliquias, ricos
ornamentos y presencia de todo el clero y el pueblo de la ciudad.
En la liturgia compostelana merece mención
especial, por su carácter dramático-espectacular, la Misa farcida de
Santiago que se incluye en el Códice Calixtino, compuesta “para
cantarla quien guste en una u otra festividad del mismo Apóstol”, en
la que aparecía el Apóstol como “un obispo o un presbítero vestido
con ínfulas” e intervenían dos grupos de cantores, un cantor solista
y un lector escenificando estos últimos con sus diálogos cantados la
Passio del Santo.
Se ha destacado en la misa farcida su
carácter de representación en la que no falta cierto juego escénico en
torno al altar, y los editores modernos del Calixtino han
traducido generalmente el Farsa Officium Misse Scti. Iacobi...
que encabeza a la pieza en el códice como Representación del Oficio
de la Misa de Santiago..., reconociéndole una naturaleza teatral.
Recientemente, sin embargo, José Mª Díaz Fernández, aunque no deja de
notar la existencia en la misa de elementos especiales de
escenificación, pone de relieve su intención esencialmente litúrgica y
su adecuación a los usos de la época, concluyendo que “No es, pues, una
pieza puramente teatral”.
Fuera del templo catedralicio,
aunque con intervención del Cabildo en la organización, la fiesta del
Apóstol se celebraba en Compostela, al menos desde 1531, con juegos de
cañas, toros, la popular carrera hípica del Cendal, fuegos artificiales
y un juego de sortija mantenido por los caballeros de la Cofradía de
Santiago que en 1586 intervenían a caballo con “su máscara puesta, y
trompetas atanbores y ynbenciones”. En ese mismo año, el Concejo
dispuso la celebración de una “máscara (cabalgata) nocturna” con
participación de los gremios que no parece haber tenido continuidad.
No hay pruebas de la existencia de
representaciones teatrales pero sí algunos indicios de espectáculos
parateatrales de temática jacobea como las ynbenciones que
salieron en las fiestas del 25 de Julio, que en 1602 consistieron en “un
carro (…) en que iba la barca de Santiago como vino de Jerusalén a
España, muerto, con dos discípulos y dentro della tres ángeles que
hacían tres niños del coro los quales iban cantando motetes y
villancicos”.
Es posible que haya existido también algún
teatro jacobeo en las aulas universitarias compostelanas y ya nos hemos
referido a una Loa a Santiago que pudo haber sido representada a
principios del XVI en el Estudio Viejo, pieza en la que, al parecer, se
hacía referencia a episodios de la leyenda jacobea. Las noticias sobre
esta Loa son problemáticas pero no es imposible la existencia de un
teatro jacobeo de colegio del que incluso conservamos un posible texto
en castellano si aceptamos con Filgueira Valverde que la pieza teatral
sobre la predicación y pasión del Apóstol (La conquista de Jerusalén
por Santiago) representada hasta nuestros días en Amalucán (Méjico),
en un contexto de fiesta de Moros y Cristianos, tiene origen
compostelano y colegial siendo obra de “un ignorado fraile gallego
que curó sus saudades reviviendo gratas memorias compostelanas”.
Por otra parte, la aparición en la
Loa de la reina Lupa encuentra clara correspondencia con el protagonismo
que se le otorga a este personaje en una tragedia jacobea francesa de Bernard Bardon de Brun, representada en Limoges por cofrades peregrinos
el 25 de julio de 1596 y conocida en Compostela ya que se conserva un
ejemplar en la Biblioteca de la Universidad de Santiago, procedente del
Colegio de los Jesuitas que debió de poseerlo desde finales del siglo
XVI.
En el mismo ámbito temático cabe mencionar la “historia
de Señor Santiago a caballo como cuando fue lo del Rey ramiro” que
llevaban los azabacheros en el Corpus compostelano, una danza o
representación que también se ofrecía a los arzobispos en sus tomas de
posesión y a los visitantes ilustres, escenificando la aparición del
Apóstol en la legendaria batalla de Clavijo, danza que puede estar en el
origen, como luego veremos, de posteriores representaciones de Moros y
Cristianos.
Aparece también tangencialmente la temática jacobea en
el coloquio entre el Apóstol, España, un peregrino y un gallego
incluido en 1612 en las Exequias de la Reyna D. Margarita de Austria,
pieza en latín del Licenciado toledano Alonso Pérez de Lara que tiene
todas las trazas de estar inspirada en un Auto Sacramental.
La falta de
textos es casi total pero tuvo que haber existido un teatro jacobeo, no
sólo en el ámbito de la liturgia y las fiestas compostelanas, sino
también en relación con la peregrinación y desde fechas tempranas.
Aunque las alusiones a la peregrinación y a los milagros jacobeos en los
cancioneros juglarescos galaico-portugueses no sean muy frecuentes,
siempre se ha pensado que los juglares han debido de jugar un importante
papel en la difusión de los milagros y las leyendas jacobeas, dada la
abundancia de las noticias sobre canciones y danzas de peregrinos y
sobre la presencia de juglares en el camino y en Compostela. Es fácil,
por otra parte, encontrar ecos del arte juglaresco en las canciones de
peregrinos conservadas, y es conocida la presencia de juglares en los
santuarios y monasterios del camino que los contrataban para atraer a
los peregrinos y pregonar las virtudes de cada centro, sus santos y sus
reliquias.
En Galicia tenemos algunos testimonios, aunque tardíos,
de la existencia de representaciones como la “danza de romeros y
romeras” que hacía el gremio de tejedores de Compostela en el siglo
XVI, el “diálogo y danzas a propósito de nuestra peregrinación”
con el que obsequiaron en Monforte a principios del siglo XVII al
arzobispo de Sevilla, D. Pedro de Guzmán, que viajaba como romero a
Compostela, y la “danza de peregrinos” que interpretaron los
criados del Conde de Lemos en unos festejos de 1619.
Estas representaciones debieron de ser frecuentes
si nos fiamos del testimonio de Blas Nasarre quien en 1749 afirma: “Los
peregrinos en cuadrillas, el bordón de la mano, con sus esclavinas y
sombreros cubiertos de conchas y bordoncillos (...), representaban al
vivo los misterios de la Religión y las historias sagradas, de cuya
costumbre quedaron las oraciones de ciegos y los autos que llaman
sacramentales”, (...) “aun permanecen en Galicia y en algunos
monasterios usos y prácticas que lo prueban”. |

Códice Calixtino
Misa
farcida de Santiago

Auto de Santiago de Alfonso
Alvares (Portugal s. XVI)

Santiago como obispo.
Columna de Platerías |