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    En Pontevedra, donde el Corpus alcanzó gran esplendor, tenemos noticias desde el siglo XV en las Ordenanzas Municipales y en el Archivo de Mareantes aunque los datos más abundantes y precisos corresponden a las dos centurias siguientes. La procesión general salía alternativamente de cada una de las parroquias de la villa. Intervenían en ella todos los gremios (en la época “cofradías”) con sus cruces, sus pendones, sus insignias o “seldros” y las imágenes de los patronos (15 en total). Entre aquellos ocupaba un lugar de privilegio el gremio de los Mareantes o, con mayor propiedad, cofradía de Corpo de Deus, cuya insignia, el Teucro, sólo cedía el paso al Sacramento, llevado bajo palio por los integrantes de la cofradía y acompañado de una Naopuesta sobre ruedas” desde la cual se lanzaban salvas de pólvora y se recitaban las vaias en verso dirigidas a los diferentes gremios.

     Muy populares eran la Tarasca o Coca que, al menos desde 1552, sacaba el gremio de San Julián, serpiente-cocodrilo verde cubierta de escamas que representaba al Maligno, los Gigantones y los Céntulos o Choqueiros, auténticas supervivencias de personajes de las farsas romanas y de los juglares zaharrones. Su vestimenta de colores –a rayas negras y amarillas en 1658–, “su palo con tres vejigas de vaca hinchadas” y sus chocas colgando para hacer ruido los emparentan inequívocamente con las máscaras de carnaval y los “locos” medievales, lo mismo que sus privilegios que en Pontevedra incluían el derecho a burlarse de la gente, especialmente de los tenderos, y tomar mercancía de sus cestas.

     Supervivencias también de costumbres ancestrales eran las danzas de espadas y de penlas que acompañaban al Sacramento en cuyos pasos se han querido ver figuras que representan simbólicamente la Pasión y Muerte de Cristo. Rasgos parateatrales tenía la ceremonia de la Despedida con la que terminaba la fiesta en la Octava de Santa María tras la procesión del Chucurruchú. Las imágenes gremiales abandonan la iglesia y forman una especie de Tribunal saludándose con tres reverencias las de San Miguel, patrono de los marineros, y San Juan, patrono de los calafates, renovando así en una ceremonia mimada el pacto que firmaron en el siglo XVI los mayordomos de ambos gremios, los más poderosos de las corporaciones pontevedresas de finales de la Edad Media.

     Las representaciones de los autos y comedias tenían lugar en la Plaza de la Herrería o en la de la Alhóndiga, a cargo de compañías castellanas (Diego de Vargas en 1607, Jerónimo Fernández en 1675, Antonio Iglesias en 1698...) y, quizá, también de los gremios pontevedreses.

 

La Nao del Corpus pontevedrés en una de las últimas ocasiones en la que salió, durante la visita de los Duques de Montpensier en 1852 (dibujo de J. Riestra grabado por J. Osterberger, Museo de Pontevedra)

 

 

Andas y custodia del Corpus de Pontevedra

El Teucro de los mareantes

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