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Fiestas
taurinas
Las ordenanzas ilustradas de
Carlos III fueron las responsables de la desaparición, además de las
cocas y penlas, de las corridas de toros con las que numerosas villas
gallegas celebraban el Corpus y las fiestas patronales a semejanza de lo
que se hacía en otras muchas zonas de la Península. La asociación de las
fiestas taurinas con las celebraciones religiosas, reflejo de un
antiquísimo culto al toro extendido por toda la cuenca del Mediterráneo,
es general en los siglos XVI-XVIII y todavía hoy la mayoría de las
Ferias se celebran, aunque sea nominalmente, en honor de un Santo. En
Compostela, por ejemplo, eran tradicionales las corridas de toros en las
fiestas del Apóstol desde fecha no bien determinada aunque los
memoriales que se redactaron para convencer al rey Fernando VI de que
levantara la prohibición de 1754 las remontan al siglo X y hablan de su
celebración “casi desde el tiempo de la invención de su sagrado
cuerpo”. También se celebraban en Santiago festejos taurinos en las
fiestas de San Roque y San Juan; los del Apóstol en el Obradoiro y los
otros en la plaza del Campo, San Roque o la Puerta del Camino.
Para la mayoría de los investigadores, las fiestas de
toros fueron introducidas por los regidores y otras autoridades
castellanas posteriores a los Reyes Católicos siendo por tanto un
festejo ajeno a las costumbres gallegas que nunca llegó a arraigar
realmente en el país. Sin embargo, aunque es cierto que la mayor parte de la
documentación es posterior al siglo XV, numerosos datos apuntan a la
extensión de las corridas por toda la geografía gallega y, como a
continuación veremos, hay algunos indicios de la existencia de festejos
taurinos al menos desde el siglo XIV.
En A Coruña se celebraban desde el siglo XVI en
la Plaza de la Harina. En Ribadeo están documentadas desde 1570 en San
Juan, el Corpus y otras fiestas. En Pontevedra hay noticias desde
1606-07 aunque los documentos se refieren a corridas anteriores (tenían
lugar en la Herrería la víspera de San Bartolomé y San Juan). En Baiona
y Noia hay así mismo menciones de fiestas de toros en el siglo XVII que
para Pérez Costanti en el caso de Noia se remontarían al siglo XI, y
tenemos también datos de Mondoñedo y de una corrida de rejones en las
fiestas de consagración de la iglesia del Colegio de la Compañía de
Monforte de Lemos en 1619 y de otra en la misma localidad en las fiestas
del Rosario de 1620 en la que se corrieron toros de “la comarca de
Lemos y tierra de Cabrera (...) tan buenos como si los truxeran de
Zamora o de otras partes de fama”.
En Betanzos, donde las noticias abundan, se
corrían toros en San Juan, San Roque y San Pelayo, festejos que tenían
lugar en la Plaza Mayor de la villa, acondicionada con talanqueras en
sus accesos y los soportales que dan a ella. Presidían las autoridades
desde el balcón del Ayuntamiento y los documentos nos informan de la
existencia de rejoneadores, garrochistas y ventureros. Las corridas de
Betanzos se celebraban al menos desde el siglo XVI ya que hay acuerdos
municipales desde 1572 con referencias a corridas “conforme al uso e
costunbre”, que se celebraban “en la plaza y parte acostunbrada
de ciudad”, corriendo a cargo de los carniceros el aprovisionamiento
de reses, y de los veedores la preparación de talanqueras y garrochas.
Además de en las fiestas patronales, eran habituales
los festejos taurinos el día del Corpus. Ya hemos mencionado, las
corridas del Corpus de Ribadavia y San Clodio y el touro
de los carniceros en la procesión de Ourense, quizás una imagen con
ruedas o con personas dentro aunque cabe la posibilidad de que se
tratase de un animal vivo, un Boi do Corpus.
Una de las modalidades de fiesta taurina más populares
en la Edad Media era la de los toros del Corpus, astados enmaromados que
se soltaban por las calles de una villa siendo dirigidos en su recorrido
urbano por los mozos del pueblo que utilizaban las cuerdas atadas a sus
cuernos para obligarlos a frenar y a seguir la dirección deseada.
Obviando las prohibiciones de Carlos III y posteriores,
esta fiesta popular, denominada en Castilla gallumbos, sigue
celebrándose en nuestros días en numerosas localidades peninsulares
entre ellas la de Allariz (Ourense). Recuperada en 1983 tras varias
interrupciones la Festa do Boi o Boi do Corpus de Allariz
se mantuvo hasta el siglo XX al amparo de una Pragmática real que la
eximía de las prohibiciones por ser “de antigua costumbre” y por
su origen devoto. La salida del Boi enmaromado tenía lugar el
mismo día del Corpus o la víspera, siendo llevando el buey por las
calles de la villa, parándolo por tradición en determinados lugares –hay
argollas al efecto en las paredes de algunas casas-, y obligatoriamente
bajo los arcos del soportal del Convento de Santa Clara ya que las
monjas tenían el antiguo privilegio de poder contemplar la fiesta desde
las celosías de su clausura.
En las paradas, el animal era reconfortado con sopas de
pan y vino, “sangrado” con picas y refrescado por las vecinas del pueblo
que le secaban la sangre con telas mojadas. Todo sucedía en medio del
regocijo popular, excitado por los foleiros repartidores
de hormigas. Antiguamente, el toro solamente salía el día del Corpus,
aunque en su octava tenía lugar la “proba do Boi” para escoger el
animal apropiado. En la actualidad las fiestas duran nueve días en los
que se producen varias salidas del animal. Preside los festejos Xán
de Arzúa, un fantoche de paja vestido con ropas viejas que cuelga
del balcón del Ayuntamiento, y es frecuente que los habitantes de la
localidad confeccionen monigotes similares que se colocan en balcones,
ventanas y farolas para que el toro los cornee.
Los orígenes de la fiesta se remontan según la
leyenda a 1317 cuando el caballero Xán da Arzúa salió a la calle en la
procesión del Corpus montado sobre un buey arrojando hormigas a la
comunidad judía de la villa que se había burlado de la Fiesta del
Sacramento en años anteriores. El de Arzúa habría instituido una manda
testamentaria para garantizar la continuidad de la fiesta, una
“Fundación del Toro” (así la denomina José Puga Brau) que explicaría la
pervivencia de la costumbre después de la expulsión de los judíos de la
villa.
Sin embargo, como hemos visto la documentación es
contradictoria, ya que se alude en ella a incidentes históricos que
podrían haber generado la leyenda en fecha tan temprana como 1289, antes
incluso de la institución de la procesión general por el Papa. A pesar
de todo, no es imposible que la leyenda popular, aunque fraguada más
tarde, tenga un fondo de verdad y que la fiesta se remonte realmente al
siglo XIV.
Al menos, en esa centuria tenemos pruebas artísticas de
que festejos similares se celebraban en tierras gallegas. Ya las
Cantigas de Santa María en el siglo XIII mencionan corridas de toros
en una boda caballeresca (Cantiga 144), y en las fiestas de Santa María
de Agosto (Cantiga 351:
“Outros ar corrian vacas que fazian por matar...”
En el caso de la Cantiga 144 el miniaturista
del Códice Rico nos presenta un toro urbano, sin maroma pero “sangrado”
por el público desde tapias y ventanas como sucedía en Allariz (vid.
foto).
En la centuria siguiente unos capiteles
entregos de Santo Domingo de Ribadavia (Ourense, ca. 1310) nos muestran
a un toro enmaromado guiado por un personaje acompañado de músicos y de
un perro que muerde la oreja del toro, variante ésta de los perros que
describe Argote de Molina en el siglo XVI y que tenemos también
representada en un capitel de Sta. María de A Franqueira (Pontevedra,
1343).
A propósito del capitel de Ribadavia, es
interesante recordar que en la procesión del Corpus de la villa salía al
frente de la misma, al menos desde el siglo XVI, un “buey preso”
llevado por los carniceros con un muñeco de paja que representaba, como
en Allariz, a Juan Darzua. El fantoche siguió saliendo en el siglo XVII
cuando el buey, junto con un toro bravo, era posteriormente sacrificado
en una corrida de toros en la Plaza Mayor, y todavía en el XVIII (1781)
se habla de “Juan de Arzua que hes figura de un hombre a cavallo de
una Baca”, el cual salía “antiguamente” junto con la “tarasca,
y otras danzas...”.
El personaje debió de hacerse popular en las
villas gallegas en las que la presencia de judíos era importante y
también en Ourense está documentado un Xán de Arzúa que salió en el
Corpus hasta 1781. |

Boi do Corpus
de Allariz
Foto de la asociación Xan de Arzúa,
http://www.allariz.com/festadoboi/galeria.asp

O Boi corneando a Xán
de Arzúa
Foto de la asociación Xan de Arzúa,
http://www.allariz.com/festadoboi/galeria.asp

Xán de Arzúa
Foto de la
asociación Xan de Arzúa,
http://www.allariz.com/festadoboi/galeria.asp


Fiesta
de toros en Plasencia en las Bodas que fazía un cavaleyro.
Cantigas de Santa María de Alfonso X
el Sabio, Cantiga nº 144.
(Códice rico de El Escorial)

Toro enmaromado. Capiteles de la
iglesia de Santo Domingo de Ribadavia (primer pilar del Evangelio, c. 1310).

Perro mordiendo la oreja de un
toro. Capitel de la portada de Sta. María de A Franqueira
(Pontevedra, 1343) |