Lo habíamos planificado en el mes de Junio para hacerlo en Agosto, aunque la idea ya venía de algunos meses más atrás y sabiendo que no teníamos derecho a albergues, por lo que llevábamos un par de tiendas de campaña, además de los obligados "bultos".El grupo estaba compuesto por 6 personas: Antonio, Juan Luis, Sergio, su hermano, mi padre y yo.
Comenzamos la peregrinación
a mediados de mes y a eso de las 9 de la mañana (en principio,
pues a más de uno se le pegaron las sábanas y al
final salimos a las 9:30). Empezamos a seguir las flechas amarillas
y llegamos a Pontedeume, donde nos tomamos unos refrescos. Al
rato de salir de allí, nos chupamos una buena cuesta empedrada
que a más de uno le hizo sudar y a eso de las 14:30 nos
tomamos unos buenos bocatas para retomar la peregrinación.
Volvimos a coger la bici y aquí ya comenzó a ser más dura
la etapa, pues el camino inglés estaba de aquella bastante
mal marcado y nos desorientamos por en medio del monte un par
de veces, hubo caídas (bastante tontas) un par de veces
y por si era poco, debíamos subir el Mesón Del
Viento por el camino de peregrino. Por si no nos llegaba la pendiente
que tenía, además estaba lleno de zarzas, piedras
y hasta de basura, por lo que optamos a subirlo a pie empujando
la bici, pues encima de ella nos era imposible avanzar.
Una vez arriba, una señora muy amable nos dejó rellenar los bidones y al rato llegamos al albergue. Mientras todos se preocupaban de buscar un buen sitio para poner la tienda, yo me preocupaba más del tremendo enjambre de mosquitos con cara de hambre que sobrevolaba nuestras cabezas, en busca de víctimas potenciales.
En esto llegó el hospitalero, que nos dijo que de momento no había nadie en el albergue (y después tampoco) y que como ya eran las 20:00, podíamos dormir dentro. Se lo agradecimos y nos fuimos a cenar a un lugar que había cerca de allí, donde, mientras picábamos, observamos el 4 a 1 que Alemania le metía a España en un amistoso.
A eso de las 22:00 regresamos al albergue (en manga corta y en bici = "un frío do carallo") y Juan Luis, Sergio y yo, investigamos el piso superior, donde había colchonetas y una ventana que a Sergio, en su inmensa sabiduría, se le ocurrió abrir, entrando así, un escuadrón de mosquitos enemigos.
A eso de las 0:00, comenzó nuestro suplicio. De las bofetadas que nos dábamos para quitarnos los mosquitos de encima, parecía aquello un concierto de "Safri Duo" y el bofetón que se pegó Antonio en toda la cara a eso de las 2:00 fue el redoble perfecto, dando el concierto por terminado y marchándose un momento hacia el "Roca", según él por necesidades fisiológicas (aunque para mí, que se dejó la mano marcada en la cara y fue a echarse "Reflex" o algo semejante).
Ya por la mañana,
sin haber pegado ojo por culpa de los mosquitos y llenos de picaduras (todos excepto
Sergio, al que, por abrir la ventana a los mosquitos, lo debieron
tomar por aliado), retomamos la peregrinación y sin demasiado
esfuerzo llegamos a Santiago y visitamos la Catedral (que como
siempre, estaba llena a rebosar). Más tarde, subimos al
Monte del Gozo, donde alquilamos una parcela para montar las
tiendas. Después de conseguir montarlas (no sin esfuerzo,
pues el suelo estaba lleno de piedras y más de una piqueta
se doblaba), nos duchamos, cenamos unos bocatas y nos fuimos
a un bar que había dentro del recinto, donde nos tomamos
unos refrescos.
Finalmente, nos fuimos a dormir a eso de las 0:00 a las tiendas donde como no, tambien hubo problemas: mientras los dos "velliños" del grupo ocupaban una tienda de dos plazas (reales) y cabían perfectamente, nosotros estábamos metidos en la tienda de Sergio (que según él era de 4 o más plazas) donde Juan Luis, pegado a la parte izquierda de la tienda, intentaba respirar como podía (su nariz estaba oprimida contra la loneta de la tienda) y los demás no teníamos sitio ni para mover los brazos. Además, desprendíamos bocanadas de aire fétido (lavarnos los dientes no nos sirvió de nada) y debíamos girar la cabeza de vez en cuando, para evitar las bocanadas de los demás. Por si era poco, empezamos a escuchar unos gruñidos, provenientes de la otra tienda, que finalmente resultaron ser ronquidos que dificultaron aún más poder pegar ojo esa noche.
A la mañana siguiente, debíamos decidir si volvíamos a casa en bici o en tren. Antonio, ya nos había dicho que de bici nada, que él volvía en tren y así lo hizo, mientras que los demás volvimos (esta vez por carretera), no sin algún pequeño percance (un par de pinchazos), a Ferrol (por cierto, hay un par de pendientes bastante largas que "maman" bastante y la bajada por el Mesón del Viento es bastante peligrosa, pues bajando a 60km/h los camiones te intentan adelantar y te pegan unos buenos meneos).