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El Camino de Santiago en bici por Jupimo y Cía

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- Relato Roncesvalles -

.:: Día 3. Segunda etapa: Puente de la Reina - Viana (65,54 kms) ::.

Son las siete de la mañana. El cuerpo pide a gritos continuar descansando, pero no es posible. Poco a poco nos vamos desperezando. Lo primero ir a recoger la ropa que tenemos tendida fuera secando. ¡Qué suerte!, está toda seca. Repartimos a cada uno la suya, nos aseamos, recogimos el saco y montamos todo en las bicis, que por cierto, las habíamos guardado dentro del albergue, justo a la entrada al comedor. Ya que en la cafetería delEn el albergue de Puente de la Reina albergue preparan desayunos, nos vamos para allá a desayunar. Discuto con mi hijo y con Juan Luis, pues somos los últimos en salir del albergue; esto no puede ser: tenemos que ir mejorando en el aspecto de darnos más prisa en hacer nuestras cosas. Eso sí, antes nos hacemos una foto con nuestros amigos catalanes.Son las ocho y media cuando comenzamos a dar las primeras pedaladas.

Nos dirigimos en dirección a Estella. En el albergue nos comentaron que estaban en fiestas, por lo que nos parecía una buena idea llegar con tiempo suficiente para darnos una vuelta por la ciudad y así poder compartir con su gente un rato de sus tradicciones. Poco después de salir nos encontramos con una fuerte subida por camino de monte , muy malo para la bici y además con escaleras. Nos hartamos de empujar la bici y de levantarla en peso para sortear las citadas escaleras. Debido a los fuertes golpes del recorrido del día anterior, se me parte uno de los tornillos que sujeta el portabultos a la bici; es un tornillo con cabeza tipo hexagonal y no tengo ninguno que me sirva. Intento sujetarlo con una abrazadera de plástico pero a los pocos metros se rompe. Recuerdo que llevo un cable de acero de los de freno. Corto un trozo y hago un nudo con él, a la vez que le pongo dos abrazaderas de plástico. parece que aguanta. Al principio circulo con cuidado, pendiente de si rompe o no, ya que si esto sucede se me puede meter entre los radios de la rueda trasera. Compruebo que no hay problema y continúo con la idea de poder hacerme lo antes posible con un tornillo. Hace muchísima calor. Recuerdo que no llevamos nigún protector solar y tenemos que comprar uno lo antes posible. Es mediodía cuando entramos en Estella. Encontramos una gasolinera y nos dirigimos allí para meter un poco de aire en las ruedas y de paso preguntar por algún sitio donde pudiéramos comer unos bocadillos. No lejos de allí nos indican de un bar donde nos prepararon unos suculentos bocatas de tortilla de gambas y media barra de pan. Nos lo comemos tranquilamente y nos vamos en busca de una farmacia de guardia, ya que el comercio está todo cerrado. Nos mezclamos entre la gente y las comparsas que a esa hora desfilan por las calles. No pudimos quedarnos tanto tiempo como nos gustaría pues nuestra idea era llegar hasta Viana y desconocíamos el terreno que nos quedaba por andar. Al salir de Estella sabíamos que pronto deberíamos encontrarnos con la famosa fuente de Irache, y así fue. Nos refrescamos con su agua y para seguir con la tradición echamos un traguito de vino en el grifo que está al lado del que mana agua. Pena que salía bastante caliente y no se podía degustar como es debido. de todas formas muchas gracias a estas bodegas por tan bonito detalle.

El sol pegaba fuerte y no había muchas sombras donde poder descansar un rato, así que decidimos que cuanto antes llegáraFuente del Vino (Bodegas Irache)mos al albergue, más tiempo tendríamos para descansar. Transitamos por Azqueta y Villamayor de Monjardín. El recorrido es duro, con fuertes repechos hasta llegar a los Arcos, donde sólo paramos a sellar nuestra credencial. Poco después llegamos a un pueblecito llamado Torres del Río y... ¡Coincidencias de la vida!. Aquí nos encontramos con otros ciclistas, también catalanes. Estaban descansando frente al albergue. Charlamos un rato comentando el recorrido y aprovechamos para comprar en la tienda que está al lado, y que regentaba la propia hospitalera, unas frutas y bebida fresca. Y decía lo de coincidencias de la vida, porque comentando lo del tornillo del portabultos de mi bici, a ellos les había pasado lo mismo, con la diferencia de que llevaban varios tornillos de repuesto. Muy amablemente me ofrecieron uno para poner, lo que hice encantado y a pesar de ser catalanes no me lo cobraron (es una broma, lógicamente). Muchas gracias desde aquí, amigos. Continuamos nuestro camino con ganas de llegar a Viana lo antes posible, ya que el cansancio acumulado del día anterior, junto con la fuerte calor, comenzaba a hacer, sobre todo en mi, bastante mella. Son ya las seis y media cuando comenzamos a entrar en Viana. El albergue está bien señalizado y llegamos a él sin problemas. Lo mejor de todo es que había sitio y además en litera. Tienen, en el bajo, un lugar para poner las bicis colgadas en vertical. Nos dispusimos a buscar tres literas y a depositar allí nuestras cosas. Las mochilas las dejamos puestas en las bicis y sólo cogemos las cosas que nos van a hacer falta. Estamos cansados y hoy no vamos a lavar ropa. Mañana será otro día. ¿Sabéis quiénes acaban de llegar? Pues sí. Es Sonia, Javi y Manolo. De nuevo nos encontramos. Nos invitan muy amablemente, después de ducharnos,a ir a cenar con ellos, a lo que gustosamente accedemos. Ellos habían preguntado a la hospitalera por un restaurante donde ofrecieran meDescansando en Viananú del día y les menciona dos posibles. Luego veríamos que uno de ellos no daba menú pues era sábado. Nos dirigimos al otro llamado "El Pitu" y nos dijeron que sí, pero que deberíamos esperar hasta las ocho y cuarto. Acordamos tomar unas cervezas mientras era la hora y charlar un rato.Cenamos lo que creímos que era el menú del día con la diferencia que a la hora de pagar nos cobraron 104€; o sea, casi 18€ por cabeza. Desde aquí quiero avisaros de este hecho, ya que al día siguiente lo comentamos con otra gente que les pasó lo mismo. Parece ser que les gusta aprovecharse de los peregrinos... menos mal que gente de esta clase en el camino encuentras poca.

Sin dejar que este suceso nos amargara el resto de la velada, charlamos un rato más y nos fuimos a descansar. Queríamos ir reponiendo fuerzas lo antes posible, ya que nosotros teníamos que hacer el camino en no más de diez u once días, tal y como os decía al principio de este relato.

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