Es un recorrido bastante exigente ya que es el clásico
rompepiernas. Digamos que la mitad son pistas asfaltadas y
el resto caminos de tierra. Su principal dificultad
se sitúa en la subida a
la Lagoa, con una longitud de unos 3 kms. y desniveles de entre
el 6 y 13% (no es muy fiable pues están medidos a ojo,
pero dudo mucho que los exagere). Hasta llegar al alto, el suelo
se encuentra, casi en su totalidad, mal asfaltado. Una vez arriba,
se dominan hermosas vistas ya que es todo monte bajo, plagado
de "tojos" (el tojo es una planta muy conocida en Galicia,
en su plenitud de desarrollo presenta un color verde intenso
con flores amarillas y fuertes espinas, principal causa de los
pinchazos entre los esforzados ciclistas de montaña). A continuación os
dejamos 3 mapas (1734x1072, 1084x1202, 1808x758) artesanos por si quereis probar la ruta:
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Se sigue un trayecto semejante al de la lagoa, pero esta vez realizamos el desvío hacia la Vela, que es la principal dificultad de este recorrido, ya que, a pesar de ser algo más corta y tener rampas más suaves que la lagoa, el suelo está lleno de piedras sueltas que dificultan la subida. La subida continúa algo más, pero giramos hacia la derecha y después de contemplar el paisaje, iniciamos un descenso por un sendero estrecho pero bueno, lleno de curvas. Al terminar la bajada llaneamos un poco y cogemos carretera por Sequeiro. Cada vez con más frecuencia, juntamos lagoa y vela en el mismo recorrido, saliendo así una distancia de unos 40 Km.
Exceptuando la bajada desde Montefaro, el recorrido se hace casi
en su totalidad por carretera. Es un trayecto bastante llano,
exceptuando
la subida de Montefaro, que a pesar de ser por carretera bien
asfaltada, se hace bastante dura, pues son unos 2 o 3 Km. con
pendientes que cambian continuamente de desnivel, haciéndola
una subida rompepiernas en la que tienes que cambiar bastantes
veces el desarrollo si quieres subirla a un buen ritmo. Lo bueno
de este recorrido, es que casi a mitad de camino está
la playa de Chanteiro, donde podemos recuperar fuerzas con un
buen chapuzón, dpero hay algún que otro "escarapote"
o faneca brava que, enterrados en la arena te pueden fastidiar
el baño, pues te producen un intenso dolor normalmente
en el dedo gordo del pie.
De nuestras rutas, ésta es la más rompepiernas,
pues a pesar de no tener ninguna subida excesivamente larga, tiene rampas
de un gran desnivel (tanto de tierra como asfaltadas). Destaca
la subida por un sendero de tierra en Brión con grandes
piedras sueltas, que la endurece aún más y no es
raro el día que hay que posar el pie en algún tramo.
Una vez arriba, descendemos hacia una zona costera, donde nos
solemos bañar en unos pequeños acantilados (siempre
y cuando el mar no este muy batido, ya que si no las olas nos
empujan contra las afiladas rocas, que por poco que las roces
te cortan). Después del baño hay dos duros repechos
más y una pronunciada subida de aproximadamente 1 Km.
Esta ruta esta marcada por la subida al Coto de Ancos (de unos
2 km), con una primera rampa muy dura y que luego es bastante
llevadera, pues las rampas
se suavizan, aunque de vez en cuando haya algún que otro
repecho. Lo mejor de esta subida es la vista que hay desde el
mirador, pues divisas todo Ferrol. Después volvemos a
bajar por donde subimos, pero con una variante, pues nos desviamos
hacia la derecha para coger un camino bastante cerrado por los
tojos y con numerosas ramas en el suelo. Frecuentemente vamos
hasta el río Jubia para embarrarnos, pues sobre todo en
invierno el caudal del río crece y suele empapar bastante
el sendero.
Es una de las rutas en la que menos tocamos carretera. En cuanto a dificultad se refiere, destacamos: una subida corta pero muy empinada con piedras sueltas, otra subida de entre 500 y 1000 metros, con rampas no excesivamente duras y después de ésta 2 repechones actualmente asfaltados (gracias a esto la cara de asfixiado se puede disimular mejor) y en las que hace falta usar un desarrollo muy suave. Debido a la proximidad con la ruta del apartado anterior, podemos juntar ambas, confeccionando así una ruta de fundición.
Es un recorrido ideal para coger forma después de un largo parón,
ya que no tiene ninguna dificultad destacable (ni subidas, ni bajadas).
La pega que tiene es que se hace en su mayor parte por carretera, de ahí
que se haga en unas 2 horas (con un estado de forma medio), ya que te permite
mover mucho desarrollo.
Como no es muy fácil perderse, os cuento por encima por donde nos metemos:
Por su distancia, la solemos hacer sólo una o dos veces
al año, pues
por semana no tenemos tiempo. A la ida nos guiamos por las flechas
del camino inglés, pues coinciden bastante con el recorrido
que hacemos. Solemos comprar unos bocatas en Pontedeume y tomarlos
en la orilla del río Eume. Después subimos hasta
el monasterio de Caaveiro y giramos a la derecha para coger un
camino de unos 2 o 3 Km. donde empujamos la bici, pues la pendiente
y las condiciones del suelo no nos permiten hacerlo en bici.
Una vez arriba cogemos la carretera que es casi una bajada continua
hasta Ferrol.
De nuestros recorridos es, sin duda, el más duro tanto
por la distancia como el terreno rompepiernas. A la ida destaca
una subida por Sisalde que debemos hacer sobre todo las primeras
rampas a pie, pues la bici agarra mal debido a la pendiente y
a la naturaleza del suelo (aunque siempre hay algún que
otro cabezón que la quiere subir toda en bici y
nos rompe
el ritmo a los demás). Poco después está la bajada
a San Andrés, bastante peligrosa, pues a parte de ser
empinada es bastante estrecha y suben coches (recuerdo ahora
la caída de Juan Luis, con la carretera mojada, que se
hizo un recto y al llegar escoltado abajo, se le veía
el tendón del codo y daba bastante grima). Por supuesto,
al salir de San Andrés hay que subir todo eso, pero lo
bueno es que es por carretera bien asfaltada. Por último
cabe destacar otra larga subida a una cantera que hay pasando
Cedeira. Por cierto, aunque estéis cerca de vuestra casa
nunca debéis descuidaros pues podéis tener desagradables
sorpresas, y si no que se lo pregunten a Antonio L. , que cerca
de su casa, entró por la ventana trasera de un coche
que estaba aparcado como si fuera un proyectil, con el
consiguiente susto para la pareja del interior. Afortunadamente,
lo único que parece quedarle de ese alunizaje es una cicatriz
(que ya casi no se nota, pero en su día bastante antiestética
en la frente) y el desembolso que tuvo que hacer por la luna
rota del coche.
Ojo con tumbarse por los campitos de San Andrés a no ser que os guste
donar sangre a las garrapatas (éstas no te dan ni el pincho de tortilla para
reponerte).