EXPOSICIÓN: MARÍA FERNANDA E. CANDAL Y TAPIA.

EUROSTARS CIUDAD DE LA CORUÑA HOTEL.

Agosto 2007

 

  

     

María Fernanda Candal, de lo visible e invisible

 

La obra pictórica de María Fernanda Candal, emplea el color para introducirnos en sus estados de ánimo, en sus mundos reales y los situados en otras dimensiones que no son visibles.

La facultad de la artista pintora radica en ir más allá de la realidad, de la descripción, buscando, en su lenguaje personal, expresivo, intenso e interior aquellos factores que no se ven pero que están ahí y nos influencian.

Todo lo que existe posee idiosincrasia propia, se fundamenta en una determinación evidente, en la búsqueda de la visión dual de un mundo como el nuestro que está formado por espíritus, almas, paisajes, vibraciones, energías, formas geométricas, naturaleza, orden y caos.

Cuando refleja los paisajes se basa en la dinámica de la percepción de la vitalidad contenida en la formulación magistral escondida en el marasmo del color, en la intensidad cromática e insistente de los tonos, ámbitos de constatación de frecuencias y asunción de responsabilidades que se sumergen en la diatriba de la visión.

Lo espiritual y mágico esta con nosotros, porque somos Yin y Yang, arriba y abajo, positivo y negativo. Allí donde resalta la materia está la magia, donde reverdece la guerra, se halla la paz, donde triunfa el demonio están los ángeles.

De forma muy sutil, pero muy clara, María Fernanda, nos habla de aquellas experiencias, estadios, estados de la conciencia, de los canales de conexión, de la verdadera complementariedad de la vida.

Lo que existe es producto de la visión del alma, todos estamos iluminados, unos más que otros, otros más que unos, pero la esencia es la misma, lo que ocurre es que hay que saber adivinar el origen.

La creadora plástica sabe que en mitad de la naturaleza, en el silencio de una puesta de sol, de un cielo dominado por violetas, de un remanso del río, del fluir de las cantidades exorbitantes de agua, se encuentra la propia evidencia de la perennidad de la existencia.

No hay nada definitivo  porque la visión de la evolución descansa en la evidencia de creer en la iluminación interior. Si no todo lo existente es sutil, falso, formal, aleatorio, sujeto a un cartesianismo sin rumbo, porque no puede haber más falsedad que el pretendido filón de lo concreto.

Lo real consecuente es la visión de lo aleatorio, del movimiento, de la transmutación permanente pero diversa. Mientras que lo cartesiano es tratar de fijar una visión constante, a partir de unos conocimientos limitados, que, a su vez, se basan en experimentos e hipótesis válidas en determinadas condiciones pero no en otras. De ahí que María Fernanda Candal trate de lo visible e invisible, de la polarización contenida en un sutil paisaje, en los cielos cromáticos llenos de mágica intensidad, o bien de la determinación existente en la visión de una realidad que, más allá del poder del dinero y de lo físico, radica en la voluntad de iluminación de las almas.

El color predomina, buscando la expresividad necesaria, dentro de un planteamiento que acaricia la sensibilidad y que se basa en los sentidos, estando la técnica subordinada a su percepción intima de la existencia y no al revés. Es decir que lo más importante para María es la facultad de percibir aquello que no se ve pero que existe a partir de los sentidos y la meditación, fruto de instantes extraordinariamente perceptivos en los que se transmuta y logra conectar con lo invisible.

Su obra es álmica, dado que investiga y trata temas más allá de la realidad, a partir de la pintura.

Joan Lluís Montané

De la Asociación Internacional de Críticos de Arte