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Marilar
Aleixandre
(María Pilar Jiménez Aleixandre - Madrid, 1947)

Añoro
todas las ciudades y pueblos en los que he vivido: Ceuta (el
limonero de luna que teníamos en el patio); Doña Mencía (ir
a comer higos al alba con mi padre); Madrid (el Cine Club
de Areneros, donde vi por primera vez "Freaks"); Vigo (las
mimosas en flor en diciembre); Santiago de Compostela si algún
día dejo de vivir en ella, y hasta otras ciudades en las que
nunca, o sólo brevemente, he vivido: Donosti, Perugia, Boston.
Debido a Ramón Facal tengo una relación especial con Toba,
Cee y con la Costa da Morte donde están situados algunos de
mis libros como "Lobos en las islas", y pertenezco al Batallón
Literario da Costa da Morte y al consejo editorial de Letras
de Cal. Tuve la suerte de recibir una esmerada educación rockera
asistiendo a "Caravana" de Ángel Álvarez a finales de los
60; entre semana estudiaba Biología y llegué a tener una relación
bastante intensa con los escarabajos. En los 70 empecé a enseñar
Ciencias, y pude comprarme una moto roja. Ahora doy clase
de Didáctica de las Ciencias y Educación Ambiental en la Universidad
de Santiago de Compostela.
Hay quien
piensa que los escritores llevamos una vida aventurera, pero
yo no he viajado en trineo por el Ártico, aunque confío en
hacerlo algún día. Mientras tanto escribo poemas, cuentos
y novelas. Aprendí a escribir - además de leyendo- redactando
panfletos y artículos para revistas de partidos clandestinos
(todos lo eran cuando yo estudiaba). El primer relato que
escribí, un cuento sobre vampiros, fue el germen de "Esperando
a los murciélagos" pero tardé bastante en publicar "A formiga
coxa". Después vinieron "La expedición del Pacífico" (Premio
de la Crítica de Galicia 1995) alternando con narrativa para
adultos, como "Lobos en las islas" (Lumen 2001) o "A Compañía
Clandestina de Contrapublicidade" (Premio Álvaro Cunqueiro1998).
Mi última novela juvenil "La Banda sin futuro" recibió el
premio Lazarillo en 1999 y el premio Lecturas, votado por
jóvenes de las bibliotecas gallegas, en mayo de 2001. Soy
una viajera impenitente, y conviene recordar el proverbio
árabe, no hay que confiar en los viajeros pues cuentan muchas
mentiras.
(si deseas
datos sobre su actividad profesional, puedes encontrarlos
en la página web de la Universidad de Santiago de Compostela,
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