"Jesús quédate aquí"
Enviado por: Antonio Figueras Monfort
 


El itinerario de la lectio divina bajo la guía
del Espíritu Santo:

La larga experiencia de la lectio divina, principalmente en el ámbito de la vida monástica, ha ido tomando con el tiempo una estructura peculiar, casi como un itinerario espiritual que hay que recorrer por grados o peldaños. He aquí como los sintetiza el monje Guigo II, prior de la Gran Cartuja (1192):

La LECTURA, lectio divina, es el estudio asiduo de las Escrituras hecho con espíritu atento.
La MEDITACIÓN es una diligente actividad de la mente que busca el conocimiento de la verdad escondida.
La ORACIÓN es un fervoroso deseo o anhelo del corazón hacia Dios para alejarse del mal y alcanzar el bien.
La CONTEMPLACIÓN es una elevación de la mente por encima de sí hacia Dios gustando las alegrías de la eterna dulzura.

Descritos, pues, los cuatro grados o escalones, no nos queda más que ver su función con respecto a nosotros, es decir: de qué o para qué nos sirven. La Lectura busca la dulzura de la vida bienaventurada, la Meditación la encuentra, la Oración la pide, la Contemplación la degusta.

La Lectura, de algún modo lleva el alimento a la boca, la Meditación la mastica y tritura, la Oración la saborea, la Contemplación es la dulzura que da gozo y recrea.
La Lectura es un ejercicio de los sentidos externos, la Meditación es un trabajo de la inteligencia, la Oración es un deseo, la Contemplación es una superación de todos los sentidos (Guigo II Scala claustralium, núm 1 - 12 passim)

Es evidente que, en la práctica, esto no transcurre en una sucesión regular de los cuatro grados, sino de un modo más libre y espontáneo bajo el impulso impredecible del Espíritu Santo que es el verdadero Maestro de la lectio divina. Puesto que la Palabra ha sido escrita bajo la acción inspiradora del Espíritu hay que leerla, escucharla y asimilarla también bajo la acción del Espíritu Santo y en plena comunión con la Iglesia (Guillaume de Saint Thierry, Carta de oro, n 121).