Necesidad de la lectio divina,
empeño permanente:

Ya S. Juan Crisóstomo decía: "No es posible que alguien se salve si no se dedica constantemente a la lectura espiritual". Pero cuánta gente de hoy dice que eso es imposible. Casi como previendo esta objeción este Santo Padre de la Iglesia replica: "Aprendan todos que ninguna circunstancia es impedimento a la lectura de las palabras divinas; que es posible hacerla no sólo en casa, sino también en la plaza, durante un viaje, en compañía de muchos e inmersos en los negocios. Si hacemos todo lo que podemos de nuestra parte, encontraremos pronto quien nos enseñe. El Señor, en efecto, viendo nuestro deseo de las realidades espirituales (...) nos envirará una luz del cielo e iluminará nuestra alma" (Homilía sobre el Génesis, 35, 2).

La Sagrada Escritura debería estar siempre en nuestro corazón dondequiera que estemos y sea lo que sea lo que hacemos. Decía San Nilo: "Con mi vida interpreto la Escritura". Con la vida se interpreta y se anuncia la Palabra que salva. Todos los cristianos si viven la Palabra, son una "página sagrada" comprensible por todos, aun por los de nivel cultural más bajo, y así resulta evangelizador y testigo de Cristo de su muerte y resurrección.

Meta de la lectio divina es la adquisición de la sapientia crucis, de la sabiduría de la cruz, que es la verdadera filosofía de la vida; ella nos ofrece la clave de la ansiada paz y felicidad en la total adhesión al designio de Dios. La lectio divina no debe ser un momento aislado sino un empeño permanente hasta llegar a ser una inmersión continua de la palabra de Dios en nuestra vida y de nuestra vida en la Palabra.

Junto a la Eucaristía la Palabra es el pan para el viaje hacia la eternidad bienaventurada. De ella se obtiene energía para el "paso" (en el sentido pascual del término). San Buenaventura en el prólogo de su Breviloquio nos dice: "Las palabras de la Escritura son palabras de vida eterna. Precisamente para esto ha sido escrita; no sólo para que creamos, sino también para que poseamos la vida eterna, en la cual veremos y amaremos, y todos nuestros deseos serán cumplidos".


 
 
 
Enviado por: A. Figueras Monfort