"Jesús quédate aquí"
Etapas de su pensamientoEn cuanto a las etapas de su pensamiento apreciamos cómo, tras una inicial preocupación por la obra de Karl Jaspers, fruto de la que nacen sus dos primeros libros, uno en colaboración con Mikel Dufrenne (Karl Jaspers y la filosofía de la existencia) de 1947, y otro de su autoría titulado Gabriel Marcel y Karl Jaspers (1948), Ricoeur emprende su primera gran obra Filosofía de la voluntad.
La primera parte de este magno trabajo, aparecido en dos volúmenes, es "Lo voluntario y lo involuntario" (1950). En ella se intenta describir y comprender las estructuras fundamentales de la voluntad. Para ello recurre a una teoría eidética de lo voluntario y lo involuntario pero sin olvidar, como había hecho Husserl, hacer gravitar la realidad empírica del hombre alrededor del hecho fundamental de la voluntad y sus disfraces. La presencia del tema de la culpa da lugar a un cambio metodológico profundo por su particular manera de expresarse a través de un lenguaje indirecto, simbólico en ocasiones y siempre con un doble sentido latente.
El segundo volumen de su Filosofía de la voluntad aparece bajo el título de Finitud y culpabilidad (1960). Se trata de un libro dividido en dos partes (El hombre débil y La simbólica del mal). Es la contrapartida del primer volumen en la medida en que pretende desprenderse de la abstracción pura, del paréntesis eidético, introduciendo lo que está dentro de él. Estamos ahora en una empírica de la voluntad y no en una eidética o en una descripción esencial, que nos lleva sobre dos ideas directrices: por una parte, sobre el carácter opaco y obscuro de la falta; y por otra, sobre una mítica concreta pues no es posible explicar el paso de la inocencia a la falta mediante ninguna descripción abstracta. Su proyecto, en este momento, es el de ligar una empírica de la voluntad a una mítica concreta. Al introducir el problema del mal en la estructura de la voluntad fue necesaria una renovación del método descriptivo. Para captar los rasgos específicos de una voluntad mal era preciso recurrir a la mediación de los símbolos y los mitos. Esto demanda la aparición de una hermenéutica filosófica que trabaje en el desciframiento de este lenguaje simbólico y metafórico.