LA ACTIVIDAD DE LA ILUMINACIÓN DIVINA


Según san Agustín, la actividad de la iluminación divina respecto de la mente es análoga a la función de la luz del sol respecto de la visión, y aunque la luz del sol hace visibles los objetos corpóreos, es indudable que Agustín no pensaba que crease imágenes de los objetos en el sujeto humano. Del mismo modo, (aun cuando Agustín no indica claramente como, por ejemplo, obtenemos las nociones de siete, y tres, y diez o de a > b), la función de la iluminación no es infundir la nociones de esos números, sino iluminar el juicio de que siete y tres suman diez, o de la relación existente entre a y b, de modo que podamos discernir la necesidad y eternidad de esos juicios.

Por ejemplo si llegamos a percibir la necesidad del juicio a > b ello se debe a que la iluminación divina nos permitiría saber sobre la RELACIÓN existente en a y b. Ahora bien, tal iluminación no implica que lleguemos a contemplar directamente tal relación o que llevemos impreso tal saber dentro de nosotros. La iluminación no afecta al contenido del concepto, como si la iluminación infundiese dicho contenido, sino a la calidad de nuestro juicio a propósito de ese concepto.

En resumen, san Agustín se hace esta pregunta: ¿cómo alcanzamos un conocimiento de verdades que son necesarias, inmutables y eternas? RESPUESTA:

A) No podemos obtener un conocimiento así simplemente a partir de la experiencia sensible, puesto que los objetos corpóreos son contingentes, cambiantes y temporales.
B) Tampoco podemos producir aquellas verdades como una proyección de nuestras mentes, puesto que éstas son también contingentes y mutables.
C) Se sigue, pues, que lo que nos permite percibir tales verdades es la acción del único ser que es necesario, inmutable y eterno, Dios.
D) Dios es como un sol que ilumina nuestras mentes, o como un maestro que nos enseña.

La influencia reguladora de las ideas divinas (ILUMINACIÓN DIVINA) capacita al hombre, por ejemplo, para que vea la relación existente entre realidades universales y necesarias, de las cuales no hay visión directa en esta vida. La luz de Dios capacita la mente a discernir los elementos de necesidad, inmutabilidad y eternidad en la relación entre conceptos expresada en el juicio necesario.


 
 
 
Francisco Conde/www.paginasobrefilosofia.com/A CORUÑA