Benedicto XVI: San Gregorio Magno, Papa
"siervo de los siervos de Dios"Queridos hermanos y hermanas:
Vuelvo hoy, en nuestro encuentro de los miércoles, a la extraordinaria figura del Papa Gregorio Magno para recoger más luces de su rica enseñanza. A pesar de los múltiples compromisos vinculados a su misión como obispo de Roma, nos dejó numerosas obras de las que la Iglesia, en los siglos sucesivos, se ha nutrido abundantemente. Además de su conspicuo epistolario -el Registro al que aludía en la catequesis pasada contiene más de 800 cartas--, nos dejó sobre todo escritos de carácter exegético, entre los que se distinguen el Comentario moral a Job -conocido bajo el título latino de Moralia in Iob--, las Homilías sobre Ezequiel, las Homilías sobre los Evangelios. Asimismo existe una importante obra de carácter hagiográfico, los Diálogos, escrita por Gregorio para la edificación de reina longobarda Teodolinda. La obra principal y más conocida es sin duda la Regla pastoral que el Papa redactó al comienzo de su pontificado con finalidad claramente programática.
Haciendo un rápido repaso a estas obras observemos, ante todo, que en sus escritos Gregorio jamás se muestra preocupado por trazar una doctrina "suya", una originalidad propia. Más bien intenta hacerse eco de la enseñanza tradicional de la Iglesia, quiere sencillamente ser la boca de Cristo y de su Iglesia en el camino que se debe recorrer para llegar a Dios. Al respecto son ejemplares sus comentarios exegéticos. Fue un apasionado lector de la Biblia, a la que se acercó con pretensiones no meramente especulativas: "de la Sagrada Escritura, -pensaba él-, el cristiano debe sacar no tanto conocimientos teóricos, sino más bien el alimento cotidiano para su alma, para su vida de hombre en este mundo". En las Homilías sobre Ezequiel, por ejemplo, insiste fuertemente en esta función del texto sagrado: aproximarse a la Escritura simplemente para satisfacer el propio deseo de conocimiento significa ceder a la tentación del orgullo y exponerse así al riesgo de resbalar en la herejía.
La humildad intelectual es la regla primaria para quien intenta penetrar en las realidades sobrenaturales partiendo del Libro Sagrado. La humildad, obviamente, no excluye el estudio serio; pero para lograr que éste resulte verdaderamente provechoso, consintiendo entrar realmente en la profundidad del texto, la humildad es indispensable. Sólo con esta actitud interior se escucha realmente y se percibe por fin la voz de Dios. Por otro lado, cuando se trata de la Palabra de Dios, comprender no es nada si la compresión no conduce a la acción. En estas homilías sobre Ezequiel se encuentra también esa bella expresión según la cual "el predicador debe mojar su pluma en la sangre de su corazón; podrá así llegar también al oído del prójimo". Al leer estas homilías suyas se ve que realmente Gregorio escribió con la sangre de su corazón y por ello nos sigue hablando a nosotros.
Audiencia del Miércoles 04-06-2008: ZENIT.org