Al servicio de Dios en los hermanos

Jesús se presenta como alguien que concibe su vida como servicio a Dios y a los hermanos, o más exactamente como servicio a los hermanos por amor a Dios. Jesús vio en el amor a los hermanos la "regla de oro" de su vida y de la vida de sus discípulos. Ama al prójimo como a ti mismo, (Mt. 22,39) "no hagas a los demás lo que no quieras que te hagan" (Mt 7,12) es la máxima que resume positiva y negativamente, toda la enseñanza moral de Jesús. Pero lo que sobre todo importa es recordar que esta fue antes de todo LA NORMA DE SU VIDA.

Jesús se acercó a los hombres -los discípulos, las turbas- amándolos sin discriminaciones, como eran: malos, frágiles e imperfectos y hasta el fin; enseñándoles hacer lo mismo. Se trata de un amor muy concreto que es la clave de su existencia y que no se conforma solo con palabras, sino que exige hechos. Adopta hacia ellos una actitud de misericordiosa comprensión: recomienda la penitencia, sabe esperar con paciencia el momento de la conversión, prohíbe a sus discípulos condenar o juzgar apresuradamente, les invita a ser tolerantes y a perdonar "setenta veces siete", toda su vida ha de verse como "pro-existencia", como entrega de sí.

La explicación profunda de esta disponibilidad al sacrificio hay que verla en su religiosidad. Su relación con Dios es asidua; la oración ocupa realmente el puesto central de su vida. Jesús pasa a menudo las noches en oración, se retira aparte para orar, se dirige al Padre en los momentos más decisivos de su vida, para él la oración era la actitud habitual.

Decir cuál era exactamente el contenido de la oración de Jesús no es fácil. A veces sorprendemos en labios de Jesús palabras vibrantes de agradecimiento; p.e. la resurrección de Lázaro; o de gozosa alabanza, cuando ve que los humildes acogen su palabra. Pero con más frecuencia la revelación afirma que Jesús oró para tener la fuerza de cumplir la voluntad del Padre, para servir a los hermanos hasta la donación total de sí.

A través del sufrimiento aceptado con espíritu de sumisión al Padre, sostenido por la oración insistente, Jesús encuentra la fuerza para amar hasta el sacrificio de sí mismo. Así demuestra que es hombre como nosotros: débil en cuanto hombre, pero fuerte con la ayuda divina obtenida mediante la oración. "Autor y perfeccionador de nuestra fe", nos da personalmente ejemplo.


 
 
 
Diplomatura Teología. I.C.R.S. San Agustín